Palabras pirujas


A VECES LAS PALABRAS salen de nuestra boca como pedo de indio. Y ojo al enunciado y lo que quiere plantear sin ánimo discriminatorio, porque ya voy oyendo a indígenistas repelar por mi dicho, como si la escatología no fuera cosa de todos los días y toda forma de existencia. Pero, ¿por qué afirmo tal?

Tras un año del sonado caso acerca de los dichos del Dr. José Manuel Mireles, ex líder de las autodefensas michoacanas y ahora funcionario público, y que ocasionó revuelo por referirse a las concubinas de los derechohabientes del ISSSTE en Michoacán como "pirujas" y confesar que algún influyente trabajador sindicalizado lo amenazó con llevar 15 mil personas a tomar la delegación si no le daba una base para su "nalguita" nueva, en alusión a su amante de turno., ahora, luego de la histórica, multitudinaria manifestación y protesta feminista de los días 8 y 9 de marzo en contra de la violencia de género en el marco del Día Internacional de laMujer, la Secretaría de la Función Pública impuso la pena de suspender al facultativo por ¡cinco días! Claro que las reacciones de muchos feministas no se dejaron esperar en las redes sociales, considerando la medida una burla oportunista del régimen en turno.

Que conste que ni defiendo ni repruebo a tirios ni troyanos.

Nomás un breviario cultural, cuando revisamos en el diccionario, la palabra "piruja" no tiene ninguna connotación que implique "estereotipo de género" y, en todo caso, de haberlo en la segunda acepción no tendría por qué ser denigrante, ofensiva ni vejatoria; de haberlo en la tercera, por su carácter despectivo, sería con carácter sinónimo y puramente descriptivo:

pirujo, ja

1. adj. El Salv. Que no cumple con sus deberes religiosos.
2. f. Mujer joven, libre y desenvuelta.
3. f. despect. Méx. prostituta.

"Nos han quitado tanto que hasta el miedo nos quitaron"

O sea, la runfla, la caterva de féminas manifestadas el domingo y ausentes de sus trabajos en protesta al día siguiente podrían bien ser calificadas de pirujas desde el momento mismo de autodefinirse como mujeres libres, desenvueltas, muchas de ellas jóvenes de cuerpo y la mayoría jóvenes de espíritu. Y entre las manifestantes pudo haber pirujas prostitutas solidarias con la causa, y pirujos homosexuales de los que ya llevan rato exhibiendo su orgullo y dignidad en afán de hacer valer los legítimos derechos ciudadanos de una comunidad con nombre acrónimo impronunciable (LGTB...).


Y seguro, tras escuchar y leer las expresiones discursivas en arengas y pancartas, entre ellas hubo y hay las que abiertamente se han declarado contrarias a cumplir sus deberes religiosos por atentar contra sus principios íntimos, personalísimos como el derecho sobre su cuerpo.

Estoy cierto de que habrá habido también muchos hombres y mujeres (lesbianas) relacionados con ellas, esposos, novios, concubinos, amasios, amigos con beneficios, amantes que las habrán mirado orgullosos por el valor manifiesto de esas contoneantes, seductoras "nalguitas" que tanto gustan de explorar en sus entrañas y sus sueños y acariciar con deseosa lascivia y amorosas ansias.

Repito lo de siempre. Las palabras, aun las altisonantes, están para usarse, no para abusarse o desusarse, tienen funciones preclaras, históricas, precisas, cambiantes por evolutivas. Le tenemos tanto miedo a las palabras, que nos parece más sencillo censurarlas en vez de enseñar a los otros sus mejores empleos. Y ya en esto voy señalando un indicio contradictorio en los argumentos expresados por las manifestantes que afirman: "Nos han quitado tanto que hasta el miedo nos quitaron", pues, sin embargo, ese miedo a las palabras en bocas de los otros nos lleva a la confrontación, sea por franca ignorancia de sus significados o por culpa de un imaginario colectivo más dependiente de la capacidad perceptiva e interpretativa que del cabal razonamiento del trasfondo de las cosas.

Esas mujeres son las mismas que hoy en las estadísticas suman no solo asesinatos en la categoría de feminicidios, sino aumento del alcoholismo, la drogadicción. Son las mismas que ahora gozan de mostrar su inteligencia igual que si hombres, usando las palabras para alburearse.


Mejor haríamos en temer la intención detrás de quienes las ejercen a mansalva como de quienes las reprueban por ellas mismas y las acallan. Como diría mi madre, lo que no es parejo es chipotudo, dicho sin albur.

Lo que está sancionándose es la conducta errónea, insensible, torpe, no necesariamente explicada por un machismo exacerbado, anquilosado, enteco, caduco, atávico, tradicionalista, que haya su equivalente en un hembrismo igual de nocivo. Pero, está visto que en nuestra cultura hemos hecho de la palabra símil del acto y de la pronunciación sinónimo de la pretensión. Y ahora, hacia donde vamos es a temer siquiera a abrir la boca, no sea que a las idiotas  (dicho en su puro sentido etimológico, histórico y democrático) que se manifestaron estos días se les ocurra suponer que tras este epíteto ya las voy encasillando en el cartabón de la estupidez o me vuelvo apologista del hostigamiento y del acoso no solo sexuales, sobre los que insisto e insistiré que son, en especial el acoso, la cuerda floja sobre la que camina nuestra civilización construida con base en reconcomios.

Cuando la ausencia se hace presencia

Multitudinaria e histórica marcha de mujeres en CDMX contra la violencia de género, 8/marzo/2020.
Foto: Archivo Cuartoscuro, tomada de UNO TV

SI SOMOS CORTESES, solidarios, podemos decir: la ausencia de las mujeres en este #UnDíaSinMujeres, #UnDíaSinNosotras en protesta posterior, secuela del Día Internacional de la Mujer y la marcha multitudinaria contra la violencia de género, se hizo notar, se resintió su falta. Pero tal vez nos tachen de hipócritas.

Si somos crudamente realistas, la verdad es que nadie es indispensable, insustituible en esta vida, en el ámbito de la convivencia social, en lo productivo; acaso en lo afectivo, pero, sin duda no es igual en lo biológico a contrapelo de cualquier discurso político.

Si los hombres hiciéramos lo propio y dejáremos de asistir un día a nuestras labores, siendo como somos mayoría proveedora (que no mayoría de la población), a querer o no, hecho promovido y prohijado por ellas en su a veces artera conveniencia que las "victimiza", ¿las cosas serían distintas? Lo dudo, ellas ocuparían nuestro sitio y tan mal o bien, mejor o peor que cualquiera de nosotros, jalarían o empujarían la carreta. ¿De verdad hicieron falta en las empresas o para resolver las calenturas? Mi amiga Manuela supo llenar el vacío; aunque, claro, no es lo mismo huele a traste que atrás te huele. ¡Perrooo!

Jamás olvidemos que reinas y reyes, aunque tengan su respectivo puntaje y valor, y aun cuando ellas tengan extrema libertad de movimiento, solo somos fichas del mismo ajedrez donde, es preferible perder un caballo que una reina y cualquier peón llegado a la otra orilla puede ejercer funciones de reina sustituta y concubina, tantas como sea posible, para proteger la idea de lo masculino al que, si se le hace jaque mate, sobreviene el fin del partido, es decir de la especie. ¡Así de vulnerables somos nosotros los varones, a pesar de nuestra vanagloria! Así de determinadas son ellas a pesar del acoso de alfiles y torres que pretenden arrinconarlas, anularlas. Cada cual debe saber y honrar su función en esta existencia a despecho de machismos, hembrismos y chauvinismos que no son sino caras de la misma moneda cuyo canto lleva siglos atorado en la misma grieta.

En eso no se han detenido a pensar. Son ellas las que definen la masculinidad de nosotros; no lo hacen nuestros puños, pendencias y baladronadas. Y, si milenariamente las vírgenes han sido motivo de santificación normalizada, la castidad en cambio ha sido motivo de estigma, vergüenza, anomalía que se explica con la tergiversación pervertida, para algunos más bien divertimento. Y aquí sí hablé solo por mí con todos los grados de libertad que me da mi pobre sesera.

Puedo y quiero acompañar la lucha, justa, que fundamenta la marcha; pero, no soporto, no tolero ni de ellos ni de ellas que al amparo de la misma se trastoque nuestra lengua aun cuando entiendo la idea reivindicadora detrás del juego de palabras y a despecho de las raíces etimológicas completamente desconectadas, en lo gramatical y lingüístico, con la confrontación entre géneros, cuando la oradora en el video debajo de estas líneas, en el minuto 4:15 osa decir "cuerpos, cuerpas" ¡Mi madre! Si no cabe duda que el "discurso políticamente correcto" apela más a la desmemoria y la ignorancia que otra cosa.

Son indicios, nada menores empero lo parezcan, que nos hablan del grado de descomposición social, de la desesperación en que unos y otras estamos en el afán por recomponer al mundo, ese que hace 10 mil años, aproximadamente, surgió precisamente del enfrentamiento entre dos sistemas de gobierno neolítico de la Edad del Bronce: el matriarcado asentado cm comunidades agrícolas en la antigua Anatolia y el nómada paternalismo basado en clanes, cazador, conquistador proveniente del norte de los urales. De ambas formas fundidas surgió lo que hoy somos como civilización, nos guste o no. De esa fusión surgieron las instituciones del matrimonio, del patrimonio, la familia, y más y más y más.

Pero, la modernidad y el necesario afán por balancear las equidades está trastocando los cimientos de la civilización misma, los roles que determinaban el funcionamiento, la manera de delegar tareas en el sistema laboral. La base antropológica es clara: cuando ambos padres se ausentan para laborar, la casa y en ella la crianza quedan a merced de los depredadores, de las fuerzas de la naturaleza (social) y se espera que la fámula, miembro familiar por antonomasia, y el maestro se conviertan en suplentes parentales.

Que ha habido y hay injusticias, arbitrariedades, abusos, ni quien lo niegue. Pero, justos (la infancia) pagan por pecadores. Las demandas son legítimas y no pueden ni deben menospreciarse, sin embargo es momento de detenernos seriamente a ver a dónde nos están conduciendo las resistencias y reacciones de unos y de otras. Máxime cuando ellas, quejándose del lenguaje soez, del albur, hoy hacen lo propio albureando, vejando con la lengua y a la lengua en ese anejo afán por autovalidar el carácter predatorio de quien compite por denigrar al otro y demostrar su poder.

Ya quiero ver a las estudiantes, a las niñas, haciendo bullying a algún niño tachándolo, humillándolo "¡eres macho, eres macho!", en contraste con el que "normalmente" hacían ellos y ellas contra otros etiquetándolos "eres marica, eres marica, mariquita quiere llorar". ¡Ah, si ya hasta confrontan al director de la escuela, verdad! Aunque al presidente Andrés Manuel López Obrador se le salgan las cosas de las manos y recrimine: "a la autoridad se le respeta". ¿Quién determina la autoridad? ¿El cargo? ¿El voto? ¿La gente? ¿Los reyes destronados? ¿Las reinas en rebeldía?






Estamos con usted, señor Presidente, con el alma


ERA DE LA  OPINIÓN... de que el contexto lo es todo al momento de interpretar los hechos y los dichos, y sigo siéndolo cuando atestiguo cómo, en el afán por distorsionar la verdad, el vulgo se dedica a compartir porciones de realidad ajustada a sus intereses, creencias, deseos, metas y mezquindades. Puedo estar en desacuerdo con muchas de las decisiones del actual régimen, pero me gusta llamar al pan, pan y al vino, vino.

Aquí siempre he procurado ser "objetivo", neutral, en la medida de lo posible; y la viralización que se ha hecho recientemente de las palabras de Mario Núñez Mariel, presidente del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y uno de los bisnietos del Capitán de Fragata, Adolfo Bassó Bertoliat durante su alocución al conmemorarse el 107 aniversario luctuso de Gustavo A. Madero y del mencionado capitán, así como de la presentación del Repositorio Digital de Memoria Histórica y Cultural de México; dicha viralización, decía, atenta contra la verdad al ajustar los dichos a una interpretación perversa, aviesa.

Ayer, el presidente del INAH Mario Núñez Mariel, bisnieto de Adolfo Bassó Bertoliat, aparentemente insultó al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador:


Para que no te cuenten cuentos a partir de la descontextualización de los hechos, mediante compartir 40 segundos parciales y viralizados de un hecho concreto como estos que han circulado con singular alegría o enojo, según quién los comparta en las redes sociales, al final de estas líneas te muestro, amigo lector, el contexto del hecho y los dichos. Aunque hay que señalar que el video está también editado por su captor para eliminar pausas y lagunas.

Cuando un conocido mío, franco opositor del gobierno actual, me compartió el video, ufano, contento porque AMLO había sido "interpelado", ofendido, calificado de pendejo ¡en público!, tras mirarlo le expuse que estaba equivocado y que, por el tono, era claro que no había tal ofensa abierta ni velada. Pero, este conocido, contrariado por mi lectura, me tachó a mi vez de pendejo por no comulgar con su creencia fragmentaria.

Escúchese atentamente lo dicho en el video casi completo incluido abajo. Aparte de la lección de Historia, no hay subterfugios ni sutilezas como para entender que el ponente califica a AMLO de conservador entre los conservadores, o de conservador entre los reformistas (por no decir transformistas), o que por lo mismo le diga "por debajo de la mesa" pendejo, como algunos detractores del presidente mexicano han pretendido distorsionar, en afán de generar descrédito en un tema particular.

La Historia como referente del contexto

Lo que pasaron por alto a propósito los manipuladores de la noticia fueron las palabras que antecedieron y las subsiguientes respaldando con vehemencia al presidente AMLO, cuando el citado expresó de manera abierta y franca:
"No podemos permitir que la derecha y la reacción nos vuelva a quitar otra vez como hicieron con don Francisco [I. Madero], con José María Pinosuárez, cn Gustavo Madero y con Adolfo Basso Bertoliatti; que venga a arrancarnos la necesidad de transformar un país que entregaron los oligarcas ¡hecho pedazos!; hecho pedazos. No poco, no mucho. Hecho pedazos.
"Es lo que hay que salvar y es a donde estamos todos con usted. Y estamos todos con usted desde la izquierda que es de donde venimos; ahí nacimos políticamente.
"Yo no voy a esconder... Es el primer gobierno con el que yo quiero colaborar, donde no tengo que esconder quién soy. Donde puedo decir abiertamente que soy marxista desde siempre. Donde me atrevo a decir que nosotros los pobres, que la reivindicación de nosotros los pobres no solo es necesaria e insuficiente, es de dignidad básica de vida humana. No podemos dejar el país con sesenta millones de jodidos. Es inhumano hacerlo; es idiota hacerlo; es terriblemente ominoso; es desquiciado. Y su razón de fuerza de decir «los pobres primero», señor presidente, la traigo en el corazón. Los pobres primero. Pero, no solo los pobres, los que trabajan, obreros y campesinos; las mujeres benditas y santas de este país que están levantando uno de los movimientos de resistencia más absolutamente dignos de la Historia de México.
"El que no defiende con el alma a las mujeres de México, no tiene dignidad de seguir en la vida con la cara en alto. El que no distingue que no podemos permitir que nuestro país esté desangrándose de esa de manera, el que no entiende que es tiempo de modificar la vida, que es tiempo de modificar estructuras y sentidos de la existencia, es un conservador más, señor Presidente, y yo estoy con usted: los conservadores son irremediablemente pendejos.
"Sí estamos con la revolución social, porque es una necesidad histórica. No es una necesidad menor, es la verdadera necesidad de todos los mexicanos. Hay que transformar este país para bien. Hay que transformarlo para vivir en dignidad. Hay que transformarlo para vivirlo como el centro del Continente [...] Y como centro del Continente vamos a armar el Parlamento de las Américas para decirles a todos: ya es tiempo de vivir en paz. Construyamos la paz continental, porque es una guerra civil hemisférica, porque es una guerra de todos; porque aquí ya se está jugando la vida del planeta, ya se está jugando la vida de las sociedades. Ya se está jugando la vida de todos los que nos levantamos en la mañana recordando quienes somos y cómo nos llamamos [Énfasis mío ...] Estamos con usted, señor presidente, no de hocico para afuera; estamos con usted con el alma".
Por otra parte, la propuesta del fiscal Alejandro Gertz Manero para modificar el Código Penal y lograr uno federal (ya lo he dicho, tal vez no aquí en el blog, pero sí en mis redes sociales), no solo no es nueva, sino es atendible toda vez que la ley misma, como está, es confusa para su aplicación, máxime en las localidades y los estados, y en todo caso los legisladores tendrían que adecuar el articulado de manera que las características aplicables a la distinción de un feminicidio sean consideradas agravantes de cualquier homicidio mejor que como un crimen distinto. Pues al final, el feminicidio no es más que eso, un homicidio perpetrado sobre la persona de una mujer, por motivos adicionales a los de cualquier asesinato. No hacerlo así tendría que llevar a establecer igualmente las distinciones para determinar cuándo un homicidio es un infanticidio solo o un infanticidio feminista, por ejemplo. El uxoricida, ¿siempre será feminicida, aun contando con atenuantes en su caso como puede suceder en un crimen pasional? El que mata a una mujer en defensa propia (que ha sucedido), ¿será feminicida a pesar de todo? En todo esto, como en otros temas, no me cabe duda que la estupidez está campeando a sus anchas. El tema no es ni debería ser el concepto de "feminicidio", invención a modo de un discurso de género muy discutible y a veces tan obtuso como el contrario. El tema es lo que hay detrás, el trasfondo del concepto de homicidio en tanto aniquilación de lo que nos hace hombres, es decir humanos.

No se trata, y en eso ha sido claro Gertz, de eliminar el feminicidio, sino de afinarlo en su definición para que sea más justa y clara su aplicación desde el ámbito jurídico.

El tema es delicado y, a decir verdad, rebasa por mucho el superficial discurso que alegan muchos feministas. Es como en el caso del lenguaje "políticamente correcto" que pretende llamar presidenta a la señora presidente, alterando sin justificación válida la etimología misma de la palabra, apelar a todos y a todas en un estúpido afán exhaustivo en su pretensión incluyente.

Aquí, en el caso de la ley, no puede ni debe haber distingos. Homicidio es homicidio y se acabó, aquí y en china, sea la víctima una mujer, un varón o un infante. Querer incluir minucias clasificatorias en la ley solo la vuelve compleja, confusa, inaplicable e inoperante. Mientras el espíritu de la ley se mantenga, los detalles de agravantes o atenuantes criminales no tendría por qué significar un freno o una injusticia. De ahí la importancia de homologar las leyes, sin menoscabo de la autonomía de las entidades estatales en materia jurídica, pues es obvio que la diversidad de casos, de maneras, de culturas y costumbres obliga a tratar al feminicidio, como a otros delitos, con especial cuidado. Si un indígena vende a su hija, como parte de sus usos y costumbres, y esta es abusada o asesinada, al final la culpa de matar a la vaca —valga el símil sin ánimo de equiparamiento— es compartida por quien le agarra la pata.