Puros escarabajos peloteros

octubre 08, 2019 Santoñito Anacoreta 0 Comments

Foto: Marco Ugarte / AP. Fuente: RT.com

TIC TAC, TIC TAC. Yo sólo sé que el tiempo pasa y que está cerca de barrerse en home —para usar términos peloteros de moda en el actual régimen— Azucena Olivares con aquella demanda del SUTEyM Naucalpan contra la ex alcaldesa señalada de supuesta malversación de fondos en 2012. Es fecha que está cerca de prescribir el presumible delito y ni el sindicato, ni su líder actual Tomas Palomares, ni el moral David Parra, ni la alcaldesa actual morenista (y, por extensión partidista, pelotera) Patricia Elisa Durán Reveles, ni la Fiscalía General de Justicia del Estado de México han dado luz sobre el asunto: cero noticias, aclaraciones o pronunciamientos. A mí me late que ese Home ya está cantado por el ampáyer desde hace mucho y no han valido de nada los bateadores emergentes.

En la cancha de casa, la corrupción lleva prácticamente todas las entradas ganadas en el tablero. O acaso los trabajadores del ayuntamiento naucalpense se van a conformar con una lanzada de tirabuzón.

Mientras en el ámbito federal el presidente Andrés Manuel López Obrador va ganando carrera tras carrera sin siquiera anotar de hit, por puros pases de bolas, y va dejando la casa llena, en Naucalpan el morenismo se parece más a esa "oposición moralmente derrotada" porque, entre revisión de certificados de funcionarios, renuncias, omisiones, y una seguridad papando moscas, prácticamente está ausente. O sea, ¡que alguien nos gobierne y nos dé rumbo! Pero, ya se sabe, como es arriba, es abajo.

Los jardineros de izquierda, centro y derecha están en babia mascando sus estratagemas, corriendo como diablos rojos mariguanos pa'delante y pa'tras, sin cachar ninguna volada, sin alcanzar ninguna rodada, esperanzados en la posibilidad de un nuevo robo de base mediante el dictado de leyes a modo.



Al cácher se le enredan los dedos y no atina a señalar al pícher la táctica de lanzamiento, sobre todo en lo económico: que si dos bocas, que si un rapidín con Santa Lucía, que si un trenecito de corredores mayas o patatín o patatán.

El pícher, confundido, acaba tirando lo que cree que dejará contento al entrenador que, habiendo votado su confianza en él, mira desde la batería feliz, feliz, feliz, el desarrollo de la contienda en el diamante que tanto exacerba los ánimos de los espectadores fifís y chairos divididos entre chiflar el esperado home run o vituperar al juez de tercera.

La noche del final del año está próxima. La CFE (Comisión Federal de Electricidad, no la Comisión Federal Electoral de 1988) encabezada por Manuel Bartlett tiene problemas para encender las luminarias, si no es acaso con una que otra reparación negociando velas como parches; y las decisiones cruciales capaces de definir el derrotero del país, que, según escribí tiempo atrás, tenían que darse a más tardar en septiembre, no han sucedido y los augurios para México y el Mundo en general no son nada halagüeños para 2021-2024. El juego está estancado aunque el jugador de casa tenga otros datos en la mano y alguna mosca en la oreja.

La apuesta por la energía no renovable hoy más que nunca se apresta como el que será el máximo error del gobierno en turno. Todo lo demás, tratar de hacer out tras out a los zurdos y derechos corruptos, aunque se antoja bueno y necesario, está derivando en una distracción mayor que altera las estadísticas de rendimiento del equipo morenista. Pero, yo estoy seguro que ganará la liga y conseguirá mantenerse un sexenio más, no por sus virtudes, sino por la misma inercia del péndulo que rige a la política nacional y la vida de los escarabajos peloteros.



Bien explicó don Daniel Cosío Villegas —cuyo remedo hoy lo tenemos en Paco Ignacio Taibo II al frente de la misma institución, el Fondo de Cultura Económica— en su libro El sistema político mexicano. Ahí, entre muchas ideas, al analizar y definir al demagogo y la demagogia —que no al populismo— cuestionó (y translitero adaptando sus palabras a la época actual): ¿Han beneficiado al presidente [Echeverría] Andrés Manuel López Obrador sus prédicas? ¿Han levantado su estatura moral, han robustecido su posición política y han provocado la fe y el entusiasmo públicos?  [COSÍO V., Daniel, 1973: 95-105].
A mí me parece indudablemente que sí: todo el mundo se ha percatado de que se trata de un gobernante nuevo, que quiere conducirse de un modo distinto y mejor; que sus intenciones son excelentes y que al servicio de ellas despliega una actividad y un celo verdaderamente ejemplares [...]
El efecto inmediato en el sentir público fue el desconcierto, explicable en el primer momento por la sorpresa que toda mudanza produce; sin embargo, ha persistido hasta el día de hoy por dos motivos principales. El obvio, la abundancia excesiva de sermones y la variedad y heterogeneidad de los temas desarrollados en ellos: lógica, inevitablemente, al público le ha faltado tiempo, no ya para gustarlos, sino para deglutirlos siquiera. El otro motivo, más complicado, es este. En México y España, sin duda, y tal vez en otros pueblos, es tradicional la desconfianza que inspira el hombre que habla o parece hablar demasiado [si lo sabré yo, nota irónica del articulista], como lo prueba el sinnúmero de refranes populares que expresan esa desconfianza, y aun la certidumbre de que nada bueno puede esperarse del parlanchín. Tal vez el mexicano desconfiara también del mudo activo porque querría entender la razón de sus actos [y gestos, añado]; pero es indudable que por norma general retiene su fe hasta no comprobar que la palabra se traduce en hechos. Más afinadamente: la credulidad del mexicano reposa en el equilibrio entre la palabra y la acción, y desde ese punto de vista, ha resultado imposible en el gobierno del presidente [...] alcanzar siquiera de lejos ese equilibrio. Esto, como es natural, lo ha dañado [op.cit., 101-102].
Y lo ha dañado, agrego, a pesar de las diatribas de detractores o de las loas de simpatizantes; a pesar de los señalamientos que lo colocan entre, en una mano, un "genio de la comunicación" que ha "sabido" usar sus "mañaneras" como "estimulantes chaquetas verbales" y medida de control de daños y balance de resultados, o un megalómano oligofrénico esquizoparanoide, ¡un pelígro para México!, punta de lanza del comunismo internacional, en la otra mano.

Así como Echeverría, AMLO tiene a la palabra como el principal instrumento de gobierno. La palabra incrustada en la retórica, pero también como recurso moralista para expresar una postura ética, casi religiosa. No es infrecuente escucharle decir que "ha empeñado la palabra".


El gobierno de AMLO de pronto recuerda los refritos telenoveleros que tanto le han criticado a Televisa (y no nada más). Basta leer a Cosío Villegas cuando describe a Luis Echeverría Álvarez para caer en cuenta de los pormenores que destellan la forma como hoy se ha hecho el remix denominado 4T (Cuarta Transformación) de episodios y versiones anteriores a la vuelta de dos generaciones (antropológicamente hablando, el período promedio de transición generacional se mide en veintenas) y, desde el punto de vista mercadológico (así lo valoran las productoras de telenovelas), el remix se convierte en una novedad para quienes, en la generación en turno, desconocen los antecedentes.
[...] el sermón lo ha beneficiado también. A justo título puede sostener que, con un estilo personal propio, va enderezando a la nación por el buen camino de una vida pública más abierta, más democrática, pues el fin persigue la diaria exposición ante el país del propio Presidente y de sus secretarios de estado [...] En fin, el Presidente ha incitado a grandes sectores sociales, obreros, campesinos, estudiantes, a exponer públicamente sus quejas. Esto, y escucharlas con atención, ha creado la idea de que hay en México una "apertura democrática", cuya existencia se comprueba en parte porque mientras unos la niegan, otros hasta usan de ella.

[...] Por añadidura, esos incesantes monólogos públicos se han enderezado más que a crear, digamos, perspectivas o esperanzas, a denunciar males, problemas, fallas, carencias, obstáculos, calamidades, en suma. Esto ha producido una doble consecuencia moral o psicológica de repercusión política indudable. La primera, que el país sienta que el fardo que hoy lleva a cuestas es mucho más pesado de lo que jamás había imaginado; la segunda, que se agigante el que pesa sobre el gobierno, ya que a la carga de los problemas del día y del futuro inmediato se ha añadido la de los males pasados que él mismo denuncia o que le denuncian los sectores sociales, aun los individuos a quienes el gobierno ha incitado a quejarse públicamente. Esto es así —no ha de olvidarse— porque es viejo el hábito de echar al gobierno en turno la responsabilidad de resolver todos los problemas, sin considerar antes cuándo brotaron o quién los provocó.
No es fácil refrenar el temor de que estas fallas persistan y se agraven viéndolas objetiva y subjetivamente. Nace el temor de lo que se ha visto en los dos años del gobierno de Echeverría [AMLO]: parecen demostrar lo que todo el mundo podía haber previsto por tratarse de algo bien elemental: que hacer cambiar el rumbo de una sociedad es mucho más difícil de lo que el innovador y los innovados imaginan. Después, se ha desatendido la verdad también elemental de que en una sociedad cualquiera no puede producirse un cambio aisladamente, sino que ése acarrea otro y otro más en una cadena que parece no tener término. Asimismo, se tiene la impresión de que se ha creído que un cambio se opera con solo anunciar la buena intención de producirlo, o de que puede arrojarse en una sociedad la idea de un cambio sin preparación alguna, del mismo modo que se espera romper la tranquilidad de un estanque arrojando a él una piedra con la consecuencia anticipada de engendrar una serie de círculos concéntricos muy divertidos. [...] el éxito de un cambio social depende, no de la buena intención de producirlo ni tampoco de la bondad intrínseca, sino de crearle condiciones propicias a su entendimiento, a su aprobación y ejecución [ibid., 102-105].
Luis Echeverría demostró más pronto que tarde no tener el talento para propiciar dichas condiciones y las consecuencias ya las vivimos nuestros abuelos, padres y quienes hoy rondamos la senectud.¿AMLO tendrá el talento?

Referencia:

COSÍO Villegas, Daniel; El sistema político mexicano; Joaquín Mortiz; México, 1973.

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