Naucalpenses infelices

"HOY NO SE PUEDE SER FELIZ en Naucalpan de Juárez" afirmó el Ing. Óscar Zárate Arenas, asesor del Programa de Inteligencia Urbana de Naucalpan al presentar a vecinos del municipio reunidos en desayuno a puerta cerrada el Plan de Gobierno y Desarrollo Urbano del candidato panista a la presidencia del Gobierno Municipal de Naucalpan de Juárez Edgar Olvera.

En el desayuno estuvieron presentes otros candidatos panistas a sindicaturas, diputaciones locales y regidurías como Mariela Pérez de Tejada, Raymundo Garza Vilchis, Beatriz Islas.

El plan panista propone hacer de Naucalpan de Juárez una "ciudad inteligente" y se resume en seis puntos que encierran las variadas propuestas mostradas a lo largo de la campaña: 1) Un gobierno con valores; 2) un gobierno promotor de la participación ciudadana así como (3) del desarrollo económico, 4) la rehabilitación integral de la estructura y el equipamiento urbanos; 5) mejoramiento de las condiciones de seguridad en general y no solo lo relativo al combate a la delincuencia. 6) Un gobierno, en suma, solidario.

En la "acera de enfrente", mientras tanto, en el restaurante Meridiem ubicado en el Parque Naucalli, el matrimonio Parra-Salgado cerraba la campaña del candidato priyista David Parra Sánchez​ en un desayuno también "a puerta cerrada" con empresarios, simpatizantes y otros candidatos de la fórmula 

En general las propuestas de estos dos candidatos, muy aparte de la pugna, son bastante similares en los temas generales y la manera como pretenden abordarlos. Quizá las diferencias más marcadas están en la propuesta panista para promover la participación ciudadana por vías distintas y más ámplias de las existentes que contrasta con la priyista de abrirse a foros de discusión y atención ciudadanas, por mencionar un tópico.

Va quedando claro que el voto este 7 de junio a diferencia de otras elecciones anteriores no será orientado a los partidos como sí, preferentemente, por las personas que son los candidatos, y así lo han expresado a Indicios Metropolitanos pobladores de la zona sondeados al respecto para quienes, si bien es importante cierta preparación académica y experiencia en el servicio público le dan más importancia a valores como la honestidad, la legalidad, el respeto al estado de derecho y la atención franca y comprometida a las propuestas de la ciudadanía misma, la que se considera ninguneada por los intereses creados y se muestra deseosa de ser escuchada y tomada de veras en cuenta.

No obstante, la forma tan gris y repetitiva como algunos candidatos se han presentado a los electores abona más a la confusión, el desánimo y nutre la duda y tanto que la falta de creatividad política tanto o más que la imagen negativa de los políticos y los partidos es la causa de que a estas fechas, a escasos días de los comicios, los indecisos conformen un grupo más numeroso que lo normal en ocasiones anteriores, y anular el voto, votar en blanco y abstenerse cobren mayor peso en tanto opciones electorales legítimas e independientemente de sus efectos, sobre los que, vale apuntar, el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales presenta vacíos e indefiniciones graves. 

El Desempleo del Título

EL SIGUIENTE ARTÍCULO ES DE LAS PRIMERAS ENTREGAS de mi columna "Paréntesis", que escribía originalmente bajo el pseudónimo J. Antonio Castillo de la Vega en la sección "Universo Joven" del diario El Universal. Fue publicado el viernes 8 de junio de 1990.

Hoy lo retomo, con modificaciones mínimas, no nada más con la intención de recuperar y hacer compendio de aquellos artículos de mi viejo "Paréntesis" aquí, sino de manera especial porque va a tono con uno de los argumentos que fundamentan, para bien o mal, la pugna entre dos candidatos a presidencia municipal en el municipio de Naucalpan de Juárez, de donde soy oriundo, lo que explica además el cartón que lo acompaña.




Titularse o no titularse. He ahí el dilema.

¿Qué es más levantado para el espíritu: ostentar una licenciatura, una maestría o inclusive un doctorado; o, renunciando a toda clase de prebendas hacer frente a una realidad compartida por las mayorías? Morir... Dormir... Soñar...

Ser o no ser. He aquí el asunto.

Desde épocas muy antiguas, cada hombre se ha debatido en la intimidad de su persona entre ser alguien o ser un don nadie. No importa la clase de hombre que se sea, lo importante es destacar.
Cuando somos pequeños no falta la opinión de algún adulto que aconseja: “quieres ser un bolero, bien; pero sé el mejor de todos”. (Igual podía haber dicho “quieres ser verdugo, asesina mejor que nadie”; pero ya sería el colmo del cinismo.) En fin, siempre se nos ha inculcado el afán de competencia.

Yo no digo que sea malo ni bueno. Lo cierto es que, ese afán de competencia en que se funda la connatural “necesidad” humana de sobresalir y de ser alguien de valía —y, en consecuencia, poseer algo o a alguien—ha adoptado formas muy diversas, pero la más curiosa e institucionalizada ha sido precisamente el título.

En la Enciclopedia del Idioma de Martín Alonso podemos ver los distintos significados de la palabra desde el siglo XV hasta nuestros días y resalta el hecho, nada extraño, de que siempre se ha usado en calidad de distintivo e indicación de las virtudes (o vicios) de una persona o institución.

“Bueno, ¿y a mí que me importa esta obviedad?”, dirás tú, amigo lector y puede que tengas razón. No obstante quizá no te hayas dado cuenta del poder que ejercen dos títulos en especial: el obtenido tras lagos años de estudio, después de quemarte las pestañas; y el ganado, también a pulso, en la vida diara.

Títulos nobiliarios, títulos universitarios implican títulos de propiedad. Uno se apropia el conocimiento, se apropia de una posición en la estratificada sociedad. Uno se apropia de las personas, las cosas y las ideas.

El título subraya (se cree) la dignidad. Detenta el poder. Justifica la fama. Sirve, ni duda cabe; aunque no sea más que un papel, una nota en un registro, una palabra de reconocimiento. Un diploma que, dependiendo del sistema educativo en turno (porque ya no hay monarquías más que de papel) cuesta mucho o demasiado trabajo obtener, por trabas burocráticas sobre todo.

Las ganas de ser alguien en la vida las tenemos todos; y vemos la manera de lograrlo, claro, de acuerdo a la circunstancia en que nos encontramos: quien puede (y quiere) sigue una carrera universitaria o técnica; quien no, se dedica a trabajar con ahínco. Pero uno y otro, el que puede y el que no, tarde o temprano se ven en la disyuntiva de ostentar un título o perderse en la inmensidad del anonimato. Y esto, hoy —2015, cuando retomo mis palabras— aplica casi de igual modo a la presencia en las redes sociales, donde el título en tanto referencia del perfil particular de un usuario puede ser determinante de una mediana popularidad o de la muerte virtual, tanto o más dolorosa como la muerte social.

Todo joven que se ve de pronto, un buen día, en esa disyuntiva termina angustiándose y adoptando las actitudes más disímbolas que se puede imaginar. Y esta angustia alcanza a todos los niveles, lo mismo al cerebrito o al tarado de las clase media (no se tome al pie de la letra lo que digo), que el despreocupado junior de la high, que a aquel indigente de chemo en mano.

En los últimos tiempos hemos visto crecer frente a nuestras narices una alianza que se antoja melodramática: el título se colude con el desempleo. Lo mismo hay ingenieros que trabajan vendiendo enciclopedias —algo para lo que no se prepararon—, que hay contratistas autonombrados ingenieros.

Insisto, esto en sí no es malo, tampoco es bueno. Pero ¿cómo entenderlo? ¿Qué hacer para remediar esto? Cada día somos más e insistimos en hacernos más (parece que el SIDA se ha vuelto un pretexto para picar aquí y allá, con singular pero protegida alegría). Nosotros mismos nos cerramos las puertas del desarrollo. Le echamos la culpa a todo, a todos y a nada.

Las instituciones por su parte no se ponen de acuerdo. Avanzan por un lado mientras en la sociedad lo hace por otro. Millones de estudiantes quieren ser alguien, tener un título y vivir conforme al ideal que este les promete. No obstante, algunos desesperados desertan; las razones son varias.

La situación se agrava cuando entre los mismos títulos se establece una diferencia “de clase”. Para algunos no es lo mismo egresar de tal o cual universidad que de aquello o esotra. El mercado laboral impone unas normas y hay que apegarse a ellas; quien no lo hace queda segregado.

Hay quienes dicen que es más difícil ser Señor que Licenciado. ¿Tú qué crees? ¿Tú que eres? (Pregunta tan agresiva como el eslogan de una revista.) El Paréntesis se abre. Es tu turno de opinar.

Adendo 2015, entre paréntesis...
El título del cartón humorístico obedece al hecho de que, durante un mitin de campaña, el candidato a la presidencia municipal de Naucalpan de Juárez, Edgar Olvera, en su alocución mencionó críticamente al cine mexicano, al cual considera uno de los causantes de la imagen distorsionada de los mexicanos, primero como socarrones mendaces, Pepes "El Toro", entre los pobres y los ricos, o más recientemente como los extremos rudo y cursi que se hermanan sin conseguir cerrar el círculo virtuoso del desarrollo que impulse a la nación con todas sus potencialidades.

En dicha pugna ociosa, si no, incluso, ridícula se suscitaron dimes y diretes de orden discriminatorio entre los simpatizantes de uno y otro candidatos, ya porque el priyista David Parra Sánchez reconoció apenas haber terminado la secundaria, ¡oh escándalo!; ya porque Edgar Olvera obtuvo título de Licenciado en Administración por el Instituto Tecnológico de Monterrey, aun cuando no es licenciado por carecer de la respectiva cédula que ampara legalmente el ejercicio de la profesión.

La educación es deseable, sí. Ayuda en el desarrollo personal y profesional, pero no es la panacea ni nos hace más o menos inteligentes cognitiva y emocionalmente. ¡Como si el título fuera garantía suficiente de que no se cometerán estupideces al momento de tomar decisiones de gobierno o profesionales! Aquí, pues, la muestra de que, como decía el poeta León Felipe, donde quiera que volteemos encontramos los mismos hombres, las mismas guerras, etcétera.

Habiendo entrevistado a Edgar Olvera al respecto de este tema, le pregunté quién de entre él y su opositor Parra era el rudo y cuál el cursi tomando en cuenta el golpeteo mediático y la campaña negra entre ambos. Me respondió visiblemente desconcertado y molesto por la pregunta. Pero con tino y a despecho de sus simpatizantes y él mismo —que en mítines y toda ocasión oportuna se han dedicado a "echar sal en la herida", sin que le vaya a la zaga David Parra—, dijo:

Edgar Olvera y Margarita Zavala
Yo no pondría ni rudo ni cursi, yo solo hablo del equipo humano y el equipo competente. Aquí no hay buenos ni malos, no hagamos películas de buenos y malos. Aquí habemos seres con defectos y virtudes y talentos, algunos partidos con más, otros con menos. Pero al final del día yo vengo a hacer una convocatoria de ciudadanos de Naucalpan para hacer un proyecto de Naucalpan… ¡No me pongas palabras en mi boca!

En el mismo tenor, pregunté a la ex candidata presidencial Josefina Vázquez Mota, presente en el mítin para dar su apoyo al candidato panista:
El autor del blog y Josefina Vázquez Mota

I.M: Si Edgar Olvera no tuviera título, ¿seguiría siendo como tú dices el mejor candidato en esta contienda electoral? 

J.V.M.: Edgar Olvera es el mejor candidato y Edgar Olvera tiene acreditados sus estudios. Lo que me parece muy lamentable son las guerras sucias, la guerra de la descalificación. Conocemos muchos liderazgos que tuvieron la oportunidad de cursar estudios, conocemos otros que no tuvieron la oportunidad de hacerlo y eso no pone en cuestionamiento su talento, su capacidad, su compromiso. 
En este caso creo que lo delicado es la denostación. Yo conozco muchísimas mexicanas y mexicanos que admiro y que respeto y que no tuvieron oportunidad de acudir a las escuelas y que merecen y están luchando por esta oportunidad. Así que Edgar es el mejor candidato, ha cumplido pero sobre todo ha hablado con la verdad que es lo más importante. 

I.M.: Entonces, Edgar Olvera, con título, sin título, con cédula o sin cédula ¿es el mejor candidato? 

J.V.M.: Edgar es el mejor candidato bajo cualquier circunstancia. Y en esta circunstancia cumpliendo y honrando la palabra que dio de haber concluido cabalmente sus estudios.

Respaldan empresarios naucalpenses a David Parra

ENTRE EL 26 Y EL 27 DE MAYO, la actividad de los candidatos en Naucalpan de Juárez y concretamente en el fraccionamiento La Florida se vio notablemente incrementada con visitas domiciliarias y mítines organizados en salones de fiestas, destacando en el esfuerzo los candidatos del PAN Angélica Moya, ex presidenta municipal y aspirante a diputada federal; Edgar Olvera, aspirante a la alcaldía; y los del PRI, Irazema González Martínes Olivares, aspirante a diputación federal, Enrique Jacob que apunta a la diputación federal, y David Parra, que apuesta a la alcaldía.

Mientras por una parte, el 26 de mayo, Edgar Olvera, el candidato panista a la presidencia municipal naucalpense, afirmó en un mítin con simpatizantes que un amplio porcentaje de la economía del municipio depende de las aportaciones fiscales de la comunidad judía avecindada y que si no fuera por ello el municipio estaría en peores condiciones económicas, por otro, un día después, en un mítin en el mismo lugar, pero en desayuno a puerta cerrada, renombrados empresarios y comerciantes rotarios de Naucalpan de Juárez declararon su abierto apoyo al candidato priyista a la presidencia municipal David Parra Sánchez y a su suplente Galo Blanco, a quienes no obstante les exigieron mayor y mejor seguridad, rendición de cuentas, transparencia, reactivación de la economía, generación de empleo, rescate de las áreas industriales, incentivos fiscales y una relación más comprometida con los sectores industriales y empresariales del municipio otrora el segundo más rico del país.

Entre los ofrecimientos de apoyo mutuo se mencionó que para el mejoramiento de las áreas, equipamiento y obras públicas, la empresa INFRA podría proveer lo necesario. A ello, Parra recalcó que su intención y parte de su propuesta y programa es que sean las empresas e industrias naucalpenses las que se vean directamente y en primer lugar beneficiadas con los proyectos municipales, y para ello ofreció hacer las modificaciones normativas pertinentes para facilitar la apertura de empresas, el crecimiento y la atracción de inversiones, pero de manera muy importante erradicar las causas de la corrupción, por lo que insistió, como en otros mítines, en conminar a ciudadanía y empresarios en general a que "ya no se coludan con la corrupción y dejen de ceder a las simulaciones del poder", dijo Parra:
Es mejor que paguen sus multas y contribuciones a través del banco o las instancias de gobierno que existen para el efecto de cobranza, en vez de caer en la trampa de malos funcionarios que solo pretenden servir de intermediarios en una larga y extorsionadora cadena de corrupción. De poco valdrá lo que podamos hacer desde adentro para modificar las cosas, si ustedes no hacen el correspondiente cambio cultural y con valentía en el mismo sentido.
Raúl Chaparro, presidente de la Asociación de Empresarios y Ciudadanos del Estado de México (ASECEM) coincidió en hacer del conocimiento de los presentes el acentuado interés de invesionistas italianos, japoneses y finlandeses por invertir en el Estado de México y de manera específica en Naucalpan de Juárez en cuyas zonas industriales reconocen un enorme potencial y de ahí también el afán de adherirse no a un partido como sí al candidato que, a su juicio, significa en tanto persona la mejor opción.

Por su parte, Carlos Rodríguez Sánchez, Gobernador Rotario del Distrito 4170 que abarca al Distrito Federal, Estado de México e Hidalgo consideró:
Los rotarios, con el pretexto a veces de que no debemos inmiscuirnos en los partidos políticos, hemos olvidado nuestra responsabilidad política de vigilar que los políticos hagan bien su trabajo.
Trabajar para los demás
En otro momento, esa noche del 27 de mayo, otro grupo de rotarios escuchó atentamente las propuestas de la candidata por MORENA, Yeidckol Polevnsky, cuya intervención abarcó en más de la mitad una especie de apología de Andrés Manuel López Obrador y la relación que la une a él, la insistencia en la suposición de que los medios se han encargado de golpear a los políticos como parte de un plan de negocios.

Uno de los empresarios cuestionó a la candidata que fuera presidenta nacional de la CANACINTRA (Cámara Nacional de la Industria de la Transformación), su propuesta en la misma línea de lo practicado en otro tiempo por Andrés Manuel López Obrador de disminuir los salarios de los altos funcionarios públicos:
¿Por qué no, mejor, en vez de solo rebajar los sueldos de los altos funcionarios públicos, propones además subir los de los mandos medios e inferiores? Pues lo que te "ahorrarías" con unos ayudaría a los otros. Esa sí sería una buena, novedosa y ejemplar forma de distribución del ingreso que reciben por fuera.
A lo que la candidata, airada e indignada respondió:
¡No! Si la idea es que ya no se reciba dinero "por fuera". ¡Esas son mordidas! El tema de los salarios de los funcionarios es uno de valores, de respeto a la ciudadanía, de decencia. No se puede ganar un dineral mientras los demás no ganan nada. Sí, a todos los de abajo hay que subirles el sueldo.
Desde la perspectiva de la candidata de MORENA, "cuando uno tiene un nivel más elevado, se está en la obligación de trabajar para los demás; queremos demostrar que sí se puede trabajar para los demás y de forma honesta, que se puede gobernar distinto".