Consultando en el desierto

Foto: Archivo Indicios Metropolitanos.

DICE EL REFRÁN que no hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla y el tiempo relativo para la emisión de una consulta popular en México, organizada por primera vez de forma institucionalizada, con presupuesto federal y bajo la tutela y logística del Instituto Nacional Electoral (INE) llegó a su fin, sentando así un precedente histórico que habrá de servir como ejemplo y ejercicio extendido de la democracia incipiente de nuestro país. Lejos quedan ya aquellas "consultas patito" elaboradas a mano levantada, como mera ocurrencia del momento, para cuestionar a la gente sobre obras públicas consideradas como "actos de gobierno", como si juegos de lotería o bingo para justificar la necedades de tal o cual actor político.

Por supuesto que en el camino de la puesta en práctica ordenada hemos podido ver más allá de las críticas en oposición o a favor del hecho, la necesidad de afinar el proceso asaz distinto aun cuando con similitudes al que estamos acostumbrados con los comicios federales y las intermedias para elegir diputados, senadores, ayuntamientos, gobernadores o presidente de la República.

Esta consulta, independientemente de la insidiosa  pregunta primigenia que inducía a la opinión pública hacia una respuesta concreta acerca de si enjuiciar o no a ex presidentes; independientemente de la modificación retórica efectuada por los ministros de la Suprema Corte de Justicia tras sentenciar que la consulta venía a lugar constitucionalmente, pero con una pregunta más amplia y general que no implicara la presunción de culpabilidad sobre personajes concretos por elemental respeto a los derechos humanos y la presunción de inocencia. Más allá de eso, el ejercicio es una gran lección cívica, política y democrática tanto para los mexicanos como para otras naciones, incluso aquellas donde la práctica de efectuar consultas, referendos, plebiscitos es más o menos frecuente y fructífera. Ahí tenemos el caso más reciente con la consulta en Gran Bretaña sobre el Brexit, para determinar la continuación o no del país dentro de la economía de la Unión Europea. Los resultados también están a la vista.

La lección del desencanto

En primer lugar implica una lección ocasionada por el desencanto y el fastidio.

Para que la consulta tenga valor vinculante la participación ciudadana tendría que ser mayor al 40% con base en los datos de la lista nominal y el padrón electoral que asciende a más de noventa millones de votantes.

Según pudo observar Indicios Metropolitanos, la afluencia de votantes a las casillas instaladas, fue tan pobre a un ritmo de cinco a ocho votantes por hora, en secciones con casillas con lista nominal de alrededor de dos mil votantes por mesa, cuatro mil en total —números redondos para estimar—, que con dificultad podría alcanzarse el diez por ciento de participación a nivel nacional; veinte si bien nos iba. Y las explicaciones habrán de ser muchas y variadas dependiendo del punto de vista que se cuestione.

A diferencia de otros comicios, la cantidad de funcionarios por mesa fue mucho menor y la ausencia de representantes de partido o de observadores electorales, así como de fuerzas de seguridad en los alrededores fue notoria. Metafóricamente las casillas eran un desierto.

Indicios Metropolitanos entrevistó por separado a las mujeres y hombres que participaron como funcionarios de casilla tanto como a ciudadanos alrededor y sus respuestas en síntesis las anoto de forma genérica y conjunta para pintar un panorama:

IM: ¿Cómo fue nombrado usted funcionario de casilla?

FC: No sé. Llegaron a mi casa, me dijeron que había salido sorteado y preguntaron si quería participar. Dije que sí.

IM: ¿Tuvieron problemas o dificultades para la instalación de la casilla?

FC: No. Instalamos en tiempo, abrimos como a las ocho y media de la mañana, la policía se presentó para preguntar por los datos de los presidentes de la casilla e informar que estarían pendientes de la seguridad alrededor.

IM: ¿Las mesas se instalaron con los funcionarios concretos o les faltaron miembros?

FC: En la mía solo faltó el escrutador; teníamos que ser tres. En la de enfrente no llegó más que el escrutador y la señora se prestó para ayudar en las labores.

IM: Por lo tanto, ¿las mesas quedaron con dos funcionarios nada más y uno "tomado de la fila" como dicta la ley?

FC: Sí, así es. Y no creo que haga falta un tercero, porque no hay tanta actividad ni tantos votos que contar. De hecho, gracias por la plática, estábamos bien aburridos.

IM: ¿A qué hora estiman terminar y entregar los paquetes electorales?

FC: Cerraremos a las seis y terminaremos como a las siete de la noche. Como puede usted ver las urnas no tienen muchos votos.

IM: ¿Ha habido algún incidente que reportar aquí o se han enterado por sus coordinadores del INE de casos extraordinarios?

FC: No, realmente no. Al menos nada serio, en alguna casilla algún votante que se puso difícil.

IM: Comparando con otras elecciones donde a los funcionarios se les pagan los viáticos con un emolumento simbólico, ¿les pagaron algo por estar ocupando su tiempo aquí?

FC: Sí, nos dieron trescientos pesos para la comida. Aunque, yo vengo por gusto y convencido de mi obligación ciudadana.

IM: En general, ¿qué reacciones han presentado los votantes que han asistido?

FC: Cordiales. Algunos se quejan más por el hecho de tener que venir de zonas alejadas, porque ahora no se instalaron casillas donde es costumbre; o porque no encontraban la casilla y votaron a regañadientes culpando por la mala organización. Alguno votó muy a disgusto y sin importarle que otros lo vieran, airadamente en la mesa ante nosotros marcó y dijo en voz alta que votaba por la negativa.

IM: ¿Hubo mala organización?

FC: No, realmente no; aunque sí debieron haber más casillas.

IM: En su opinión ciudadana, ¿cómo califica este ejercicio histórico de una consulta popular organizada de esta manera a nivel nacional?

FC/CIUDADANO: Pues, me parece bien. Aunque la pregunta a responder en la boleta es absurda e inútil.

IM: ¿Cuál es la pregunta?

FC/CIUDADANO: Si quieres que se enjuicie a los ex presidentes.

IM: ¿Esa es la pregunta que debe responder el votante?

FC/CIUDADANO: Bueno, sí... no. Así se entiende.

IM: ¿Así se entiende o así la entiende usted a causa de la pregunta original que dio pie a esta en el proceso de organizar la consulta?

FC/CIUDADANO: (Luego de pensar unos segundos.) Inducida. Sí. Esta es muy general, aquella era muy concreta y todo el tiempo se escuchaba y leía en los medios de comunicación que la consulta era para enjuiciar a los ex presidentes. De hecho, aquí en la boleta faltaron las fotos de los ex presidentes, para dejar clara la pregunta.

IM: ¿Debe preguntarse al ciudadano sobre la pertinencia de que se aplique la ley?

FC/CIUDADANO: No.

IM: La pregunta anotada en la boleta, así de general y ambigua como está, en caso de darse tendencia mayoritaria por la respuesta afirmativa y lograrse la mayoría vinculatoria, desde su punto de vista, ¿se prestaría para que también otros actores políticos como el mismo Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador fuera juzgado para esclarecer sus decisiones de años pasados?

FC/CIUDADANO: Definitivamente sí.

IM: Si sucediera lo contrario y el voto se inclinara por la negativa, ¿qué cree usted que pasaría?

FC/CIUDADANO: Pues que estaríamos dando paso a que la ley no se aplique para esos actores políticos y seguiríamos estando a expensas de sus decisiones chuecas o derechas. Sería tanto como avalar la impunidad, con o sin fuero. La verdad es que, se responda sí o no, no va a pasar nada al final.

CIUDADANO: No va a pasar nada, todo seguirá igual, esto ha sido una pérdida de tiempo y un gasto inútil. Pero, es un ejercicio importante para que se tomen en cuenta las opiniones del pueblo y la sociedad tome conciencia y tenga claridad de las razones y que nos han traído a la situación actual con estos gobernantes corruptos que hemos tenido, pisoteando nuestros derechos como pueblo. En resumen es un ejercicio positivo, una buena cosa.

IM: ¿Cuál cree que será la tendencia de respuesta, sí o no, o habrá mayor anulación del voto?

FC:/CIUDADANO: Creo que la mayoría marcará que sí, por la inducción previa a que estuvimos sujetos. ¿Mayor anulación? No lo sé. ¿Abstencionismo? ¡Es evidente!

IM: ¿Qué pasaría si la mayoría de los votantes cancelara, anulara su voto? ¿Cómo leer el mensaje?

FC:/CIUDADANO: Pues sería un claro mensaje de que no se está de acuerdo con la pregunta, con el proceso ni con los posibles resultados luego de la consulta. Pero, para anular, ¡mejor ni asistir!

Indicios Metropolitanos preguntó también a unos ciudadanos paseantes, oriundos de Querétaro, los que no tenían siquiera idea de que habría una consulta popular ni que se votaría en esta fecha primero de agosto de 2021; sin embargo, dijeron tener noticias acerca de la pregunta originaria y de que en 2022 se hará el referéndum para la revocación de mandato. Uno de ellos opinó:

De nada sirven estos ejercicios, es tirar el dinero a la basura y esfuerzo innecesario. Somos un pueblo incongruente, ahorita votamos que sí y a la vuelta de la esquina nos comportamos como si hubiéramos votado por el no; o viceversa, según nos convenga. Mejor que andar saliendo a las calles a manifestarnos o a organizar cosas como esta consulta, pongámonos a trabajar, es como sacaremos adelante al país. Con un pueblo ignorante como el nuestro es inútil preguntarle sobre temas que no entiende o no le interesan, porque todos ven para su santo y nada más.

Un funcionario muy aparte expresó:

Este ejercicio ha sido una buena experiencia, positiva. Pero, será mejor si se hace cuando de veras haya algo de interés y relevancia nacional que nos afecte a todos los mexicanos, no preguntas como esta, absurda. Además, tendrá que afinarse el proceso. No sé si, como sucede en otras elecciones, podría ser pertinente que hubiera también representantes de partidos políticos presentes, porque al fin y al cabo los mismos políticos y sus partidos han sido los principales interesados en inducir el voto de esta consulta o hacia el sí o hacia la negación [subrayado mío]. Además hay que cuidar que no se extienda la tentación de andar preguntando al pueblo a cualquier hora y por cualquier cosa.

Los resultados

Tras los comicios, Indicios Metropolitanos dio seguimiento a los resultados, los que se darían a conocer como una mera tendencia hacia las nueve de la noche del mismo día por parte del Consejero Presidente del INE Lorenzo Córdova Vianello.

Foto: Archivo Indicios Metropolitanos

Previo a esos resultados acudió nuevamente a reportear teniendo ocasión de entrevistar además a algún coordinador de secciones del INE quien informó:

Por causa del recorte presupuestal, para conformar estas casillas no hubo insaculación de funcionarios, a diferencia de lo que ocurre con las elecciones normales. Se emplearon en cambio las listas ya formadas de los funcionarios de las pasadas elecciones y a partir de ellas se hizo la convocatoria a los ciudadanos. Los únicos gastos que se dieron para este proceso fueron especialmente para la impresión de las boletas, en general de la papelería y los paquetes que debían incluir las áreas en blanco y la leyenda "consulta popular" entre otros elementos de diseño. Todo el resto del material electoral fue reutilizado de los anteriores comicios. Por esta misma razón presupuestal es que se determinó unificar secciones en las casillas; así, en algunas se dio atención a cuatro secciones y por ello las listas nominales por casilla incluyeron hasta casi dos mil registros máximo por mesa básica y contigua instaladas, cuando lo normal es que no exceda de setecientos cincuenta registros. También por ello no hubo casillas especiales instaladas  ni para ciudadanos en tránsito —dijo aludiendo tal vez a la crítica de la primera dama Beatriz Müller ocurrida en el transcurso del día y publicada en redes sociales— como otras veces.


Foto: Archivo Indicios Metropolitanos


IM: Desde su punto de vista, ¿esta ha sido una experiencia positiva o negativa? ¿Un triunfo o un fracaso?

COOR: Según se vea. Es positiva en cuanto a que se está ejerciendo un derecho enfocado a recabar la opinión del ciudadano acerca de la aplicación de acciones específicas sobre un tema concreto. Es positiva porque estuvo bien organizada, conforme a la ley. Es negativa porque la pregunta no era sobre un asunto de trascendencia nacional, aunque la gente no sabe que para aplicarse la ley en el caso específico de los actores políticos hay procedimientos de ley y amparo que impiden o entorpecen que se ejerzan acciones judiciales en su contra, de ahí la importancia de esta consulta, para que en esos casos específicos pueda hacerse vinculatoria sin pretextos de por medio en la aplicación de la ley tal como sucede con otros actores sociales. Es positiva porque, aun cuando el INE no tuvo nada que ver con el proceso previo y la redacción de la pregunta, logísticamente cumplió cabalmente con la función para la que fue creado. Sobre si es un triunfo o un fracaso, también depende del punto de vista, respecto de qué.

IM: Sobre los resultados que ha observado en las casillas a su cargo, ¿estima que estos incidirán en que sea vinculatoria la respuesta de los ciudadanos?

COOR: Definitivamente no, la baja participación es muy notoria. Dudo que siquiera se alcance un diez por ciento nacional de participación ciudadana y eso sería mucho. Solo en esta casilla, por ejemplo, no llegó ni al cinco por ciento. En otra de las casillas a mi cargo solo hubo treinta y seis votos. He sabido por otros coordinadores que en Chiapas hubo más afluencia de votantes. En Satélite, Naucalpan, me tocó estar en el momento que la alcaldesa Patricia Durán Reveles emitió su sufragio.

IM: ¡Interesante! Pero, más lo habría sido saber el sentido de su voto; porque, en tanto actor político, de votar afirmativamente sería tanto como darse un balazo en el pie dadas las decisiones de su gobierno municipal y a partir de mañana, conforme a la pregunta, ya comienza el pasado y podría ser su gestión objeto de escrutinio judicial. De votar por la negativa, sería tanto como rogar al cielo para que no se investigue sobre sus decisiones o las de alcaldes previos como Edgar Olvera, Claudia Oyoque, David Sánchez Guevara, Azucena Olivares, etcétera. ¿Entiendo bien?

COOR: En efecto. Así es.

Algunas conclusiones

Cuestionados todos los entrevistados sobre una visión general del ejercicio democrático histórico de esta consulta popular, las respuestas a la pregunta de a qué atribuirían la bajísima participación ciudadana, a su juicio y en resumen las razones se concentran en varios factores:

  • Uno es la poca cantidad de casillas, a causa de la fusión de secciones ocasionada por el recorte presupuestal, lo que también implicó la molestia natural de parte de los votantes al no saber la ubicación o no encontrar la casilla correspondiente.
  • Dos, aunque se dio difusión suficiente conforme a lo presupuestado, la gente o no se enteró o hizo caso omiso a los anuncios todavía saturada en su percepción por los comicios realizados tan solo un mes antes.
  • Tres, hay un desencanto y molestia sociales en relación al proceso mismo de la consulta. La gente ha calificado abiertamente el ejercicio de costoso, inútil y la pregunta de absurda, intrascendente o complicada, y por lo tanto han visto la consulta popular, por lo menos esta, como un hecho irrelevante para la vida del país, lo que no califican igual para el caso de la próxima y por venir relacionada con la revocación de mandato, agendada para el 22 de marzo de 2022.

En general, la gente ve con buenos ojos que haya consulta popular, referendo y plebiscito, aunque no entienden las diferencias y matices legales y los ven como palabras sinónimas para lo mismo y nada más.

En años anteriores, las dizque consultas populares efectuadas habían sido organizadas por partidos políticos como PRD o MORENA, sin intervención de ninguna autoridad o especialista en asuntos electorales, entre sus simpatizantes, aunque invitando a la comunidad a participar sin generar grandes expectativas y los temas habían sido tan polémicos como la Reforma Energética.

Alguno de los ciudadanos entrevistados por Indicios Metropolitanos también calificó de inútil esa venidera consulta sobre la revocación de mandato porque "a esta altura del sexenio, ¡ya para qué!; mejor que termine AMLO y se aplique su gobierno a sacar adelante al país que está estancado y que se deje de traernos con tantas distracciones".

Preparando el terreno

Es momento de reflexionar sobre el ejercicio, sus implicaciones, las distorsiones de que fue objeto por una insidiosa e insistente inducción del voto en un sentido particular por defensores o por detractores, o incluso por la desinformación o el mal entendimiento de parte de medios de comunicación, opinadores, colegas periodistas, políticos acerca de los alcances que como praxis político-democrática y filosofía política y del derecho encierran figuras como la consulta popular.

Al final de la jornada, el Consejero Presidente del INE Lorenzo Córdova Vianello felicitó al Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador por el éxito en la realización de la consulta popular:

Esto es un éxito y quiero felicitar al presidente Andrés Manuel López Obrador, nuestro presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, porque la primera consulta que se plantea y que fue solicitada por él, hoy está avanzando, llegando a su fase conclusiva, de manera exitosa.

Por supuesto esa visión optimista, triunfalista, segunda bofetada con guante blanco se puede entender solo en el marco de las confrontaciones entre la presidencia y el INE. Es irónico que cada vez que AMLO ha atacado al INE descalificando a la institución, el propio desempeño de esta ha contradicho los embates y, al contrario, legitima más y más al gobierno tapándole la boca al corroborarlo como resultante de una democracia que se va consolidando y de la que el INE ha sido bastión, árbitro y piedra fundamental, si bien como toda obra humana no está exento de mejoramiento.

Lo que unos ven como un éxito desde la óptica institucional, otros ya lo ven como un fracaso desde la óptica de la política oportunista que demostró, a pesar de las insidias, ser incapaz de movilizar a la gente para promover un voto a todas luces sesgado. Al final el pueblo no es tonto ni tan manipulable como piensan los demagogos. Ya lo había demostrado en los comicios intermedios de julio y lo confirmó con la consulta, dando al abstencionismo un valor de gran relevancia justo en el sentido que aquí, en estos Indicios Metropolitanos, he apuntado más de una vez al examinar el voto como una forma de expresión. El mensaje es claro, muy claro: si bien hay descontento frente a la política y la forma como la ejercen los políticos profesionales y hay disposición a participar, esta no está sujeta a caprichos ni a temas  que en último de los casos son ajustes de cuentas jacobinos. El pueblo no se presta a ser utilizado para objetivos mezquinos. Que es necesario esclarecer y entreascar la verdad de los hechos, sin duda. Empero y sin entrar en sarcasmos, con todas las reservas del caso, como bien dijera el ex presidente Vicente Fox, una participación de poco más del siete por ciento de acuerdo con los resultados preliminares del conteo rápido muestra "cuántos son los pendejos" y la consulta popular nos ha dado "cifras exactas": alrededor de seis millones trescientos mil mexicanos ignorantes, analfabetos funcionales en materias legales y electorales; u honestos e ingenuos crédulos; o francos enceguecidos por el resentimiento ancestral, incluyendo los alebrestados oportunistas.

Por supuesto que cabe la pregunta de si las condiciones hubieran sido distintas también lo hubiera sido la participación ciudadana. Es posible.

Frente a lo que estamos es la preparación del terreno para la organización de la consulta en que se preguntará sobre la revocación del mandato del presidente Andrés Manuel López Obrador. De repetirse las causas y efectos que enmarcaron a este ejercicio de ahora, será de esperarse que la "mayoría"  se inclinará por la reafirmación del mandatario en el cargo, máxime si consideramos los índices de popularidad que vamos conociendo mes con mes y la cual se halla alrededor del cincuenta y ocho por ciento de aprobación. Si repite también el grado de participación, la consulta quedará invalidada en la posibilidad de ser vinculante. Por lo tanto, aquellos que apuestan a que el presidente no terminará su sexenio se equivocan.

Foto: Consulta Mitofsky

Por otra parte, quienes temen que esto mismo sirva como justificante para caminar por la peregrina idea de la ampliación del mandato también se equivocan. En el supuesto de que se revocara el mandato, las condiciones jurídicas establecen unos protocolos específicos que nunca se han llevado a efecto en nuestro país, así que nos significaría en una gran incertidumbre. Muy probablemente a ello obedezca el afán por ampliar el periodo del cargo del Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia Arturo Zaldívar de la Rea, en prevención de lo que pudiere suceder más que otra cosa de entre las planteadas por las teorías conspiratorias. La clave está en si esa consulta será un reflejo de la actual o no y muy probablemente por ahí vaya el plan "B" de los diputados morenistas con la advertencia de que "si no se logra el cuarenta por ciento de participación en la consulta popular del domingo, MORENA promoverá en el Congreso de la Unión la formación de una Comisión de la Verdad para juzgar a los últimos cinco expresidentes". ¡Por ahí hubieran comenzado, digo!, siguiendo los planteamientos de la Consejera Electoral Karla Astrid Humphrey Jordan, entre otros puntos que requerirán revisarse, afinarse, mejorarse.

Comisiones de la verdad han ido y venido y no han pasado de ser un mero show, más que nada porque en términos generales han sido construidas y empleadas con propósitos más demagógicos que reivindicadores, al menos en la experiencia mexicana, comenzando con aquel ridículo intento de desafuero de AMLO hace diez y seis años y que, en una comparación parecería que la consulta vino a ser una suerte de venganza igualmente infructífera.


Haciendo una revisión comparativa entre países, Jefferson Jaramillo-Martín anotaba once años atrás para la experiencia colombiana que en distintos países:

[...] comisiones de Verdad, de Reconciliación o de Esclarecimiento Histórico, [...] operaron con mandatos presidenciales o internacionales de corta duración para investigar los hechos y las causas de la violencia ocurridos durante un período determinado de tiempo. Muchas de ellas contaron con un relativo grado de legitimidad política y social en sus procederes y generaron recomendaciones a los gobiernos de turno para los procesos de reconciliación futuros. En muchos de esos procesos, se lograron avances importantes e innegables en la creación de condiciones posconflicto, aunque también, como lo ha señalado recientemente Rangel, “cuotas muy precarias en cuanto al esclarecimiento de la verdad de los crímenes cometidos por agentes privados o estatales" (JARAMILLO-MARTÍN, 2010:

Como bien cita Alex Borein al rememorar la editorial sobre el informe de la Comisión para esclarecer “Las verdades dolorosas de Sudáfrica” publicado por el New York Times en 1998: "No existe Comisión alguna que pueda trasformar una sociedad tan torcida [...], pero la Comisión de Verdad es el mejor esfuerzo [...]" (BOREIN, 2000:3). Lo que lleva a preguntarnos por qué el presidente Andrés Manuel López Obrador optó por sugerir la realización de una consulta popular acerca del esclarecimiento de los motivos detrás de las decisiones de los ex presidentes en vez de promover como hizo el ex presidente Vicente Fox la creación de una Comisión de la Verdad para esclarecer los hechos de 1968 y el "Alconazo" que derivaron en el enjuiciamiento del ex presidente Luis Echeverría y sentenciarlo a prisión domiciliaria por su responsabilidad en los hechos. La respuesta es compleja en su simplicidad: en algún momento tenía que promoverse llevar a la práctica el ejercicio de esas figuras que tanto tardamos en incluir en la Constitución. Ahora lo conducente, aun más que armar una Comisión de la Verdad, se impone en paralelo la reglamentación afinada de la práctica que este domingo hizo historia. y es que, al margen de las manipulaciones inductivas previas a la consulta, si de lo que se trata es de propiciar entre los mexicanos una reconciliación con su pasado, ha de recordarse que "la reconciliación no es algo que se alcance y que pueda ser colgado en la pared como un cuadro que representa el pasado o incluso el futuro. Es un proceso [...]" (BOREIN, op.cit: 29). Y, como apunta Jaramillo-Martín:

La memoria, la verdad, la justicia y la reparación encierran unas improntas polémicas para una nación y en ese sentido, son generadores y propiciadores de unos usos y abusos. Siempre que se recupera un pasado y se realizan procesos de reconciliación nacional, hay de fondo unas intencionalidades políticas, morales y públicas. Incluso, pueden llegar a englobar una doble faceta. De una parte pueden existir intencionalidades “buenas” y “malas” [...] Adicionalmente, se generan constantes tensiones, disputas y luchas entre diversos actores, por el sentido mismo de la recuperación y gestión del pasado, así como por los procesos de justicia y verdad con las víctimas y los victimarios. Nos movemos entonces en un terreno donde no hay neutralidad, ni puede haberla, sino siempre litigio y disenso político" (JARAMILLO-MARTÍN, op.cit.: 18-19).

Ello deriva, más pronto que tarde en usos y abusos francamente perversos. ¿Reconciliar, perdonar, olvidar? ¿Será que en este período revisionista del capitalismo real estamos ante un nuevo capítulo y versión del "dejar hacer, dejar pasar" aplicado al ejercicio de la política y sus distorsiones?


Referencias




Una farsa necesaria



UN DÍA. Sólo un día falta para que se realice en México la primera consulta popular de veras histórica. Sí, ha habido muchas críticas a la consulta a celebrarse el próximo primer día de agosto. Se ha tachado el ejercicio, en parte con justa razón, de ser una farsa y una muy costosa.

El engaño, la farsa que aducen los críticos está justamente en el último párrafo de un artículo editorial publicado por la revista Polemón [subrayado mío]:

A pesar de estos comentarios, la consulta se realizará el próximo 1 de agosto y en ella se determinará si se tomará acción legal en contra de los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto.

Los resentidos (que podemos ser todos los mexicanos) exigen el ajuste de cuentas respectivo para los "villanos" favoritos de la Historia reciente. El problema radica en que esos resentidos solo ven la Historia como una colección de personajes buenos y malos en los extremos, sin pensar que en medio hay una serie, un conjunto de ayudantes de aquellos, tanto o más viles por causa de su mezquindad, servilismo, idolatría, conveniencia y añadiría perversión valemadrista.


Por muy abstrusa que pueda resultar la pregunta modificada por los magistrados para poner a los ojos del pueblo como un cuestionamiento acerca de lo pertinente que puede resultar someter a juicio a "actores políticos por sus decisiones del pasado", dentro de su vaguedad incluye la trampa magnífica capaz de someter incluso al gobierno en turno. Pero, parece que los críticos no lo quieren ver; y ya no digamos los resentidos con el pasado empezando por un "justiciero" Andrés Manuel López Obrador.

Es cierto que la pregunta original propuesta por el presidente con base en los planteamientos expuestos muchos años atrás, en 2008, por el escritor Alfredo Jalife iba en el sentido de cuestionar a los mexicanos si quieren que se juzgue a los ex presidentes Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Vicente Fox, Ernesto Zedillo, y Carlos Salinas de forma específica. sin embargo, aun cuando la consulta es constitucional, los ministros de la corte privilegiaron el principio de presunción de inocencia y el respeto consecuente al derecho humano de la identidad en virtud de lo cual la mención de cualquier nombre de cualquier ciudadano en los términos planteados implica lo contrario, es decir la presunción de culpabilidad y la difamación expresa e infundada, o dicho de otra manera presenta un prejuicio que sesga el sentido de cualquier respuesta probable al cuestionamiento.

Como he dicho en un hilo de tuits recientes, Sí, es innegable que la consulta es una treta y una distracción aprovechada no nada más por el presidente Andrés Manuel López Obrador, sino por sus compinches y adoradores. Sí, es una farsa; pero, no por la consulta en sí misma como por las distorsiones que la acompañan de parte de los seguidores del presidente tanto como por sus detractores.

Si se hace una traducción más de la pregunta, esta pudo haber sido redactada de esta forma y ser más sencilla para la comprensión general en cuanto al propósito:

¿Estás de acuerdo en que sean examinadas y juzgadas las decisiones y actos de gobierno del pasado reciente por diversos actores políticos y que ocasionaran en perjuicio de los mexicanos la comisión de probables delitos de diversa índole?

Aún así, la trampa subyace. ¿Quiénes votarían negativamente? Aquellos previamente beneficiados por un sistema corrupto, coludidos. ¿Quiénes votaría afirmativamente? Los que notaren el matiz. Pues no se pregunta sobre la aplicación de la ley ya la procuración de la justicia en general, sino en función de decisiones políticas y actos de gobierno perniciosos en sus efectos pragmáticos mediata o inmediatamente posteriores.

La pregunta, aun siendo un galimatías, podría referirse a cualquier tema para ser la primera vez. Cuestionar por ejemplo: ¿Estás de acuerdo en que se construya la refinería de Dos Bocas? O mirando al futuro inmediato: ¿Estás de acuerdo en que se efectúe el 21 de marzo de 2022 un plebiscito para cuestionar la probable revocación del mandato al presidente en turno? O quizás algo más trascendente como: ¿Estás de acuerdo en que se modifique constitucionalmente la estructura del sistema de gobierno para pasar de uno presidencial a uno parlamentario?

El pretexto fue la idea reivindicatoria de los pecados y excesos del poder gubernamental o su castigo. La redacción modificada pretendió centrar la objetividad jurídica del cuestionamiento y evitar el sesgo original, efectista, de concentrar la atención en puntuales y específicos personajes a manera de un velado juicio político

Muchos tenemos años empujando desde nuestras respectivas trincheras para que se incluyeran y definieran las figuras de consulta popular, plebiscito, referéndum y revocación de mandato en la Constitución. Ya están en la letra, ahora falta ponerlas en práctica de manera organizada, formal, institucional, regulada.

Esta de ahora es la primera ocasión que se hace de tal modo, una prueba de fuego y madurez, y por eso esta consulta la organiza el INE y no es a mano alzada como los juegos de bingo que organiza el presidente en sus giras, poniendo a los presentes a votar sobre temas que no conocen, no les importan, no les afectan directamente o de plano no entienden, por no decir que son una mera vacilada ocurrente del político demagogo.

Más allá de lo supuesto, la consulta popular es un recurso de participación ciudadana necesario, noble y legal que necesita ponerse en práctica para volverse vinculante. Lo mismo sucederá próximamente con el plebiscito (que no consulta) a votarse el 21 de marzo de 2022 en relación a otro tema fundamental como lo es la revocación de mandato. Por ahora, lo de menos es la pregunta o la respuesta, lo que vale es el ejercicio y no las engañifas y ruidosos llamados a la confusión. La gente tiene ganas, afán de tomar parte activa en las decisiones del estado y no nada más sufrir vigilante las consecuencias de las decisiones peregrinas de sus gobiernos.

¿Por qué digo que es lo de menos? Porque si hacemos eco a las voces críticas, es cierto que la aplicación de la ley y la consecución de un estado de derecho no se pueden cuestionar o someter a consulta. Se aplica, se ejerce, se procura y se justifica sola en lo que de convención social conlleva, ni más ni menos. No puede ni debe ser de otra manera. Eso de un lado; de otro, si hacemos eco a los vociferantes crédulos, apostar por un significado torcido como suposición incrustada entre líneas dentro de la pregunta modificada, entonces poco importa que se responda estar de acuerdo o no, porque la sola vinculación servirá como justificante o para que sigamos como el tío Lolo, haciéndonos tontos solos,  o como pretexto para la comisión de arbitrariedades y venganzas y linchamientos con carta de derecho disfrazados de justicia. Sería tanto como aquellos jacobinos juicios de la Revolución francesa que dieron comienzo a la Era del Terror, todo con tal de aplacar la ira y el rencor de los, allá y entonces "sin calzones", acá y ahora "calzonudos". ¡Ahí está el verdadero riesgo!, repito, no de la consulta en sí misma, sino de la distorsión y el manejo que de ella hagan los oportunistas y peor los empoderados.

Lo conveniente y adecuado es conseguir una participación de más del 40% para el efecto vinculatorio. Sin importar el sentido del voto. Si la respuesta popular se decanta por el SÍ, hasta AMLO y su caterva de floreros de gabinete saldrán raspados y podrán ser juzgados por sus decisiones "pasadas" a partir del día anterior a la consulta misma que para entonces ya sería el arranque del pasado mencionado en el cuestionamiento, aún a pesar del fuero constitucional, es decir que a AMLO le saldría el chirrión por el palíto. En cambio, si el respetable se inclina por el NO, confirmará que la aplicación de la ley no se somete a consulta, que su aplicación ha de ser como es de oficio y aquellos delitos presumibles tendrán que ser perseguidos conforme a derecho, en tiempo y forma, con denuncia previa de por medio, guste o no al político de turno o al pueblo de Fuenteovejuna, pues la ley es la ley. Simple y llanamente.




La inseguridad en México: entre la percepción y la realidad


HE LEÍDO con interés y cuidado la información dada a conocer recientemente por el Secretario de Marina, Almte. José Rafael Ojeda basada en los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y el INEGI sobre seguridad. Con franqueza digo: lo que me parece más relevante de la información presentada sobre la inseguridad en México no es tanto el ranking de las cincuenta ciudades con más violencia, entre las que se cuenta mi terruño, Naucalpan, como el contraste, por primera vez expuesto de forma mediática como nota informativa, entre las cifras oficiales con base en delitos denunciados y/o perseguidos y los datos de medida de la percepción ciudadana. Estos últimos se han venido recabando mediante la Encuesta de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública desde hace por lo menos una década, pero no se habían mostrado al público sino como datos aislados o en abstrusos informes que casi nadie consulta. En 2017 el gobierno de Enrique Peña Nieto cambió la metodología para recabar y medir estos datos, haciendo más precisa la información y dicho método es el que aún hoy se sigue, para despecho del actual gobierno y sus simpatizantes que orondos se paran el cuello como inventores del hilo negro y el agua tibia.

En este tema cabe destacar la publicación poco difundida del Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia 2014-2018 publicado en el Diario Oficial el 30 de abril de 2014, como uno de tantos ejemplos que podrían citarse.

Denunciar o no denunciar es el dilema

Ayer yo compartía en el grupo de estos Indicios Metropolitanos en Facebook mi experiencia personal respecto del espionaje, dada la noticia sobre el programa de espionaje Pegasus y sobre el acercamiento que tuvieron hacia mí funcionarios del ámbito de la seguridad local, estatal y federal en 2015. Lo que no conté, para no abusar en detalles fue que, del tiempo dedicado a la charla con ellos destacaron los cuestionamientos que me hicieron en la línea de obtener de mi parte (como si yo fuera quién) sugerencias para el mejoramiento de la seguridad.

Recuerdo que les dejé bien asentado que las autoridades estaban en un dilema, pues mientras por una parte aparentemente estaban haciendo su trabajo en la consecución y disminución de los índices de inseguridad, por otro, la percepción de la gente indicaba lo contrario y ello sustentaba el descontento y el temor que había llevado entonces y aun antes (y todavía) a las manifestaciones y protestas en diversos lugares del país como las ocurridas en Las Torres de Satélite y de las que di puntual reporte aquí. Es decir, les enfaticé que en temas de percepción se debe considerar la doble cara de la misma frente a los datos recabados en la realidad ominosa: mientras el ciudadano percibe un panorama, el gobierno construye su propia percepción a partir de los datos oficiales, algunos de los cuales pueden presentarse maquillados y por lo tanto distorsionan la verdad.

Nunca olvidaré que les sugerí entonces, entre otras cosas, que se hiciera una doble medición, por una parte la dura, basada en los datos concretos de denuncias, aprehensiones, y similares, y por otro lado medir la opinión popular siempre basada en datos más cualitativos que cuantitativos como los que resultan de los sentidos, con su grado de sesgo e inexactitud, pero nada despreciables al momento de formar un criterio acerca de un hecho específico. Es decir, les dije que el gobierno y los partidos tienen que conocer de veras a su "consumidor" gobernado, cosa que nunca han hecho, por lo menos hasta ahora.

En la medida que se conoce a fondo al consumidor, en este caso de los efectos del poder, es decir al ciudadano, entonces partidos, candidatos y gobiernos pueden orientar más efectivamente las políticas públicas para satisfacer necesidades reales y no nada más dar respuestas instrumentales, efímeras y de relumbrón. Como consecuencia derivada, la confianza en el gobierno se ve modificada tanto para bien como para mal según los resultados palpables, calificables frente a los resultados patentes con registro cuantificable. Y hasta hoy todos los gobernantes de todos los niveles junto con sus asesores en comunicación y mercadotecnia política han adolecido de no mirar al ciudadano como beneficiario de sus virtudes e incluso sus defectos, a pesar incluso de la transparencia que hoy tanto se prodiga.

Se ha criticado que los publicistas ofrezcan en las campañas a los candidatos y las marcas de sus partidos como "productos"; pero, sí, eso son, guste o no. Productos ideológicos que los votantes compran una vez en los comicios para consumir por todo el período para el que son electos y cuando un diputado cambia de bandera y color, la sensación, la percepción que deja en el consumidor es la del fraude  moral: El votante ha comprado un detergente con aroma equis, pero la fórmula impresa en el envase individual o de coalición no advierte que a la primera de cambios, apenas se quite la tapa, el cloro contenido habrá de descomponer las moléculas aromáticas hasta eliminarlas por puro proceso químico. ¡Si por lo menos apestara, pero ya ni eso! O sea,  la obsolescencia política también existe y también se nos presenta programada.

Luego, los chapulines son causa primordial del desencanto y así, toda confianza se esfuma más pronto de lo esperado. ¡Cómo no desilusionarse y mirar a todos bajo el mismo rasero!, cuando todos o la mayoría de los políticos y funcionarios burócratas, antes que procurar el bien común propenden al propio. Así, el dilema frente a la inseguridad es más pedestre, denunciar o no. Lo denunciado genera registro y dato y riesgo y, en un sistema corrompido, incertidumbre más que certitud; lo no denunciado abulta la percepción y consuela con la conformidad de que al menos hay certeza de haber sido o ser posible víctima hasta de uno mismo.

Poniendo remedios con carácter preventivo

El gobierno actual, aun más que los anteriores, ha dedicado un espacio para abrir la información estadística oficial acerca de la incidencia delictiva. El colega periodista Jorge Ramos, entre muchos otros, ha utilizado esa información oficial para cuestionar los avances en el tema, obteniendo de parte del presidente Andrés Manuel López Obrador una respuesta cínica y tangencial siempre: "Yo tengo otros datos". Pues, si es así, entonces la misma presidencia desacredita los datos oficiales presentados, presumidos y valorados por su gobierno; es tanto como darse un balazo en el propio pie, un balazo como aquel que AMLO diera por juguetón y caprichoso a su hermano en una nalga y que le costara la vida.

Fuente: Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (marzo 2021), INEGI


2021 presenta la medida más baja en la percepción sobre inseguridad para algunas ciudades del país desde que comenzó a levantarse anualmente la Encuesta sobre Seguridad Urbana (ENSU) por el INEGI en 2013. Si bien tiene razón el presidente al señalar que estadísticamente la incidencia no ha ascendido, también es verdad que no ha disminuido notablemente. Y los factores son muchos, el más evidente descansa en la lucha encarnizada de los cárteles del crimen organizado por ganar plazas, territorio e influencia, lo que sin duda eleva los índices de determinados delitos. No obstante, el cruce de información entre lo percibido y lo hecho tendría que permitir tanto al gobierno como a los gobernados y medios un panorama más claro y balanceado  del estado que guarda el tema con miras a la certidumbre y la prevención, pues resulta falso y odioso que la gente diga que ahí viene el lobo mientras el gobierno, hacha en mano, clama ya haberlo destripado y Caperucita temerosa ya ve lobos hasta debajo de las piedras.

Del modo como para los alimentos se decidió incluir etiquetas gazmoñas para indicar y ayudar al consumidor a decidir sobre su consumo razonado tras notar cuándo un alimento tiene exceso de azúcares o de sodio o carbohidratos, algo semejante tendría que hacerse en dos vías.

En lo electoral, para etiquetar a los candidatos de modo que su ideología, promesas y propuestas sean obvias a los ojos de los votantes y, de incumplirse el contenido, puedan ser incluso desechados a medio camino o juzgados sin miramientos (de ahí la importancia de las consultas venideras, la primera de las cuales ha de ser respondida en estricto sentido de la pregunta planteada y no de la entelequia morenista, lopezobradorista de pretender enjuiciar sólo a ciertos y muy específicos personajes; o todos coludos o todos rabones, AMLO incluido, por "las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos".

La segunda vía, en la seguridad, haciendo no nada más el cruce de la información perceptual y dura, sino, a partir de ese cruce hacer contrastes entre logros y objetivos, entre promesas y resultados, entre expectativas ciudadanas y bienestar real obtenido. En salud, por ejemplo, se cometió el craso error de explicar a la población el comportamiento de la pandemia a partir de una curva normal, cuando el desenvolvimiento es logarítmico, razón por la que la curva jamás descenderá y el "aplanamiento" es paulatino sin límite matemático a cero. El virus Covid-19 y sus mutaciones llegaron para quedarse de por vida y lo más que podemos hacer es adaptarnos a controlar sus efectos.

Reza el dicho: "por sus obras los conoceréis"; y parece —es percepción— que las obras de López Obrador en varios rubros todavía dejan mucho que desear. Y entre las fallas están los procedimientos mismos para garantizar la procuración de la justicia, asunto que pasa por los tres poderes del Estado y no solo los atribuidos al Ejecutivo.

Es muy común desacreditar los datos perceptuales por implicar equívocos; pero, vistos con sensatez, muchas veces son más determinantes en la consciencia que los datos duros, oficiales o no y de ahí también el peso que las noticias falsas o las verdades a medias han tenido hoy en la desinformación y la mala información del público más acostumbrado a leer de pasadita que a detenerse en el análisis de las cosas. De ahí también, hay que decirlo, la importancia y el tino (mejor que el desatino) de la nueva "sección" de "Quién es quién en las mentiras" incluida como parte del programa de entretenimiento en que se ha convertido, desvirtuado, el noble ejercicio de comunicación que deberían ser las "mañaneras".

Los ciudadanos ya son distintos, más politizados y esto sin importar si son o no de clase media o por lo menos de esa con la que sueña el presidente. Ya no se tragan cualquier cuento, cualquier promesa, cualquier dato lanzado al viento con singular irresponsabilidad retórica. Cada día exigen, exigimos más certidumbre, pues mientras la autoridad dice que en tal ciudad los datos arrojan un índice más elevado de inseguridad, el miedo a flor de piel y entre los miembros de la sociedad del poblado de enfrente dicen lo contrario, que los bueyes del compadre están mejor resguardados que los propios y solo así se justifica aquello otro de que, viceversa, se haga justicia entre los bueyes propios antes que en los ajenos.