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Crónica... retórica del miedo



LUEGO DEL RECHAZO del Senado, ayer 5 de abril y una vez más, a las declaraciones y la actitud del presidente estadounidense Donald Trump en torno a la aparente necesidad de blindar la frontera con México para frenar el flujo de drogas y de migrantes indocumentados, así como para consolidar la seguridad en el territorio de Estados Unidos, en su mensaje a la nación de ayer por la tarde, el Presidente Peña Nieto fue directo, crítico y enfático al declarar, citando incluso a John F. Kennedy:
Presidente Trump, si usted quiere llegar a acuerdos con México, estamos listos, como lo hemos demostrado hasta ahora, siempre dispuestos a dialogar con seriedad, de buena fe y con espíritu constructivo.
Si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos.
No vamos a permitir que la retórica negativa defina nuestras acciones. Solo actuaremos en el mejor interés de los mexicanos.
Evocando las palabras de un gran presidente de Estados Unidos de América: "no tendremos miedo a negociar, pero nunca vamos a negociar con miedo".



Vamos soplándole a los dados

Previo a la emisión del mensaje de Presidencia y como el propio Enrique Peña Nieto señaló en su video, los candidatos a la Presidencia de la República: Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Margarita Zavala respaldaron la postura del Ejecutivo Federal..

Los cuatro candidatos a la presidencia de México: Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador,
Margarita Zavala, José Antonio Meade.
Foto: Ocho columnas

López Obrador, autoproclamado desde hace más de dos años, marrulleramente y a contra pelo de las leyes electorales como candidato de la ahora alianza "Juntos haremos historia", señaló, casi en el mismo tono que el propio Donald Trump durante su campaña al afirmar "América primero; América para los americanos" y parafraseando a Benito Juárez:
Por encima de nuestras diferencias está el interés nacional, la patria es primero.


Ricardo Anaya de la coalición "Por México al frente" declaró que ante la postura y decisiones de Donald Trump respecto a México es momento de la unidad nacional en torno a sus amenazas.

Por su parte, José Antonio Meade Kuribreña, de la alianza "Todos por México", celebró en su cuenta de Twitter el discurso del mandatario en torno a las amenazas reales y absurdas del presidente de Estados Unidos así como la unidad propiciada por el hecho entre las fuerzas políticas de México:



Margarita Zavala, candidata pseudo independiente de extracción panista, se unió al llamado de unidad ante las amenazas del estadounidense y convocó a Peña Nieto a viajar a la frontera y enviar así un mensaje de solidaridad a los mexicanos en Estados Unidos, anunciando que ella estaría allá hoy.


¿Me entiendes, Méndez; o te explico, Federico?

La elección de la frase del presidente Kennedy no fue gratuita, como podrían pensar algunos trasnochados. Valga recordar su contexto, dado que es un mínimo extracto del discurso triunfal (inaugural) del entonces candidato y recién electo presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 1961 y, por lo mismo, podemos leerlo como un indicio de lo que se avecina en julio próximo cuando se efectuarán las elecciones en México, otras, de entre las últimas, también consideradas "históricas".

¿Por qué considerar históricas a las elecciones venideras si todas lo son de un modo u otro? Por una sencilla razón y muy aparte de la numeralia relativa a la cantidad de cargos públicos a ser votados (Presidencia de la República, diputaciones federales y senadurías, congresos locales en específicos estados y ayuntamientos en un gran número de municipios) a lo largo y ancho del país en unas elecciones concurrentes y complejas. La razón: así como en el año 2000 el PAN accedió al poder presidencial de la mano del PRI, significando un parteaguas en la consecución de la alternancia democrática, con estas elecciones de 2018 se avecina, por primera vez y siguiendo la Teoría del Péndulo del historiador Daniel Cosío Villegas, quien describía al sistema político mexicano y los estilos de gobierno como pendulos que van de derecha a izquierda, pasando por el centro, la seria posibilidad de que esta alternancia cobre mayor sentido al existir las bases y condiciones sociales y democráticas para el arribo de la izquierda al poder, ya sea mediante la alianza formada por el PAN y el PRD o por la coalición encabezada por MORENA.

Con el traspaso del poder a la izquierda, moderada o extrema, la democracia mexicana accedería y accederá, como he venido apuntando en estos Indicios Metropolitanos desde años atrás, a una imagen propia más consolidada, creíble, y daría paso a lo que algunos, como el poeta Javier Sicilia, hemos dado en llamar "la última decepción" de una democracia que, hasta ahora, lo ha sido solo en el membrete, aun cuando personalidades como el historiador Enrique Krauze consideran que:
Hay una democracia frágil, joven, débil, pero vamos a tener unas elecciones en las cuales hay una auténtica competencia, dos millones de personas van a revisar esas elecciones; el candidato de mayor posición que es López Obrador tiene un financiamiento público legal para transmitir su mensaje y, si gana, va a poder llevar a cabo su mandato, todas las promesas que ha hecho va a poderlas cumplir, de modo que para mí, comparado con otros países, por supuesto que en México existe una perfecta y perfectible democracia.

En opinión, entre otros, de Javier Sicilia, México tiene un pendiende y debe enfrentar la posibilidad
de una nueva decepción, gane quien gane, en las siguientes elecciones.
Foto: elarsenal.net
La izquierda y México necesitan darse la oportunidad de conocerse y darse a conocer desde las altas esferas del poder, conocer sus alcances y yerros en las decisiones fundamentales. Conocer el peso de la soledad decisoria que vive todo presidente como máximo responsable y representante de los mexicanos. El entrenamiento de años en la legislación y gobiernos municipales y estatales ha dado ya algunos frutos, unos plausibles y otros francamente reprobables, tanto como los de aquellos tachados con el estigma de la corrupción del sistema.

Como los veo, los vi. Como los ves, los verás.

De ahí que, en la apuesta que he venido haciendo en y desde estos Indicios Metropolitanos, auguro (no sin temor a equivocarme) que el 2018 será para la izquierda; pero, decía yo:
[...Q]ue la izquierda llegue en el 2018 al poder, como he planteado, no significa necesariamente que sea por vía de un partido exclusivamente de la izquierda. En el mismo PRI hay una vertiente izquierdista, de la que emanó el conjunto de notables que fundaron el PRD y, más recientemente, MORENA.
Así, no considero que se le abrirá la puerta a Andrés Manuel López Obrador (que sería tanto como votar por la vieja izquierda priyista, de la que es extracto), sino que (como se sospecha) se abrirá el espacio para la izquierda moderada del PRD (otro extracto priyista, más institucional) de la mano guía del panista Ricardo Anaya. Y esto no porque, como exclama escandalizado el ex presidente Vicente Fox Quezada, AMLO sea un "peligro" para México, lo que no es en realidad, sino porque, de esta forma, la izquierda podrá irse empapando ya de primera mano de lo que se cocina en Los Pinos para, probablemente, dar el salto definitivo en 2024 para hacerse con el poder en pleno. Pero, no seamos necios ni ciegos. De llegar el PRD de la mano del PAN a presidir nuestros destinos o el mismo López Obrador,  en cualquier caso estaríamos ante la plena confirmación de la teoría pendular de Cosío Villegas, pues no debemos olvidar que dicha teoría la elaboró el historiador en los tiempos cuando gobernaba como partido hegemónico el PRI, matriz del PRD tanto como AMLO. Así, uno u otro, el pinto como el colorado, serían no más sino extensiones de aquel añejo proceder entre derecha, centro e izquierda priyistas buscando afianzar el poder de una clase política camaleónica. Y es que, aun cuando la ideología distingue, al final la práctica hermana.

Aquel discurso de un demócrata Kennedy, a todas luces electorero (y esto es el indicio más importante que justifica la elección retórica, tanto de Donald Trump al usar la frase en su Twitter el 11 de marzo de 2013, como ahora de Enrique Peña Nieto, un presidente priyista, uno más también marcado por el afán de celebrar pactos entre y con las fuerzas políticas reinantes), decía [énfasis mío]:
Hoy no observamos una victoria de la fiesta, sino una celebración de la libertad, que simboliza tanto un final como un comienzo, lo que significa renovación y cambio.
El mundo es muy diferente ahora. Porque el hombre tiene en sus manos mortales el poder de abolir todas las formas de pobreza humana y todas las formas de vida humana. Y, sin embargo, las mismas creencias revolucionarias por las que lucharon nuestros antepasados ​​todavía están en juego en todo el mundo: la creencia de que los derechos del hombre no provienen de la generosidad del estado, sino de la mano de Dios.
[...E]mpecemos de nuevo, recordando en ambos lados que la civilidad no es un signo de debilidad y la sinceridad siempre está sujeta a pruebas. Nunca debemos negociar por miedo. Pero nunca debemos temer a negociar.
Dejemos que ambos lados exploren qué problemas nos unen en lugar de enfatizar los problemas que nos dividen.
Dejemos que ambos lados, por primera vez, formulen propuestas serias y precisas [...].
Dejemos que ambos lados busquen invocar las maravillas de la ciencia en lugar de sus terrores. Juntos, exploremos las estrellas, conquistemos los desiertos, erradiquemos enfermedades, aprovechemos las profundidades del océano y estimulemos las artes y el comercio.
Dejemos que ambos lados se unan para prestar atención en todos los rincones de la tierra al mandato de Isaías: "deshacer las pesadas cargas ... (y) dejar que los oprimidos se liberen".
Y, si una cabeza de playa de cooperación puede hacer retroceder la jungla de la sospecha, permita que ambos lados se unan para crear un nuevo esfuerzo, no un nuevo equilibrio de poder, sino un nuevo mundo de leyes, donde los fuertes son justos y los débiles son seguros y pacíficos.
[...M]is compatriotas [...]: no pregunten qué puede hacer su país por ustedes; pregunten qué pueden hacer ustedes por su país.
Mis conciudadanos del mundo: no pregunten qué hará Estados Unidos por ustedes, sino qué podemos hacer juntos por la libertad del hombre.
Todo esto no se terminará en los primeros cien días. Ni tampoco se terminará en los primeros mil días, ni en la vida de esta Administración, ni siquiera en nuestra vida en este planeta. Pero empecemos.
En sus manos, mis conciudadanos, más que en las mías, descansarán el éxito o el fracaso final de nuestro curso.


Con este "enfrentamiento" retórico, el Presidente Peña parece responder a los señalamientos en la opinión pública, oposición y las redes sociales de que estas, las de 2018 y en México, serán de nuevo las "elecciones del miedo". El 7 de diciembre de 2016,José Gil Olmos apuntaba en la Revista Proceso, con algo de paranoia en el trasfondo:
Para 2018 el PRI podría aplicar la fórmula con la que en 1994 ganó la elección presidencial a través del voto del miedo. Esa forma ya demostró su eficacia y, cuando administra ese temor a la violencia o a la inseguridad, se comprueba aquello de que el elector vota más por percepción que por razonamientos.
En 1994, después del levantamiento armado zapatista y el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el Partido Revolucionario Institucional desplegó una campaña abrumadora de difusión del miedo a la violencia, si se votaba por una opción que no fuera la priista.
Hoy, en cambio, es notable el afán y la persistencia de los mensajes y hashtags en redes sociales que previenen y procuran contrarrestar una probable incitación al miedo, sin caer en cuenta que son los primeros en provocarlo por la sola alusión.

El hoy candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador advertía en diciembre de 2017 la posibilidad de que hubiere una "guerra sucia" para infundir miedo en la ciudadanía y que no saliere a votar. Un mes antes, el conductor del programa Agenda Pública que se transmite por el canal Foro TV de Televisa comentó en su Twitter:



Hace unos días, en su columna de El Economista, Luis Miguel González apuntaba que los banqueros en México:
[...E]mpiezan a ver con otros ojos a AMLO. No están entusiasmados, por supuesto, pero tampoco empanicados [sic.]. En los pasillos del Hotel Princess se habla de “ya saben quien” con naturalidad. Es el candidato que encabeza las encuestas y esperan que haga una propuesta moderada en materia de política económica. Cuando se habla de “ya saben quien”, lo hacen en voz baja, eso sí: Resignación es la palabra que define su estado de ánimo.
Para José Luis Camacho Acevedo colaborador de SDP Noticias, el panorama de 2018 no se distingue mucho del de 1994 y no lo vislumbra alagüeño, considerando la violencia de los años recientes y los cada vez más frecuentes asesinatos de políticos en el país como los indicios principales para tal panorama.

La presidenta nacional de MORENA, Yeidckol Polevnsky, externó a mediados de marzo en una declaración dada a medios que "el único miedo que me da es que nos roben la elección en la casilla", aludiendo el temor discursivo reiterado de la izquierda acerca de un sempiterno probable fraude electoral de parte del sistema político (del que forma parte su partido) y ante el aura de descrédito con que se quiere ver al Instituto Nacional Electoral (INE).

En su editorial del 6 de abril de 2018, el Financial Times observó:
[...C]ualquiera podría ganar con sólo el 40 por ciento de los votos. La tensión entre las dos emociones básicas del miedo y la ira prácticamente asegura una campaña feroz también. Con estas elecciones indecorosas y poco atractivas, en las que un candidato ofrece dar un salto hacia lo desconocido, México parece estar siguiendo el manual electoral norteamericano de las elecciones presidenciales estadounidenses del año pasado.


El voto nulo y el voto blanco en la cola del pan

Las elecciones de julio no serán sencillas y, más aún que en las anteriores, quien gane lo hará con una legitimidad muy reducida por la dispersión del voto útil.


Si bien ahora no hay casi nadie promoviendo el voto nulo o el voto blanco, fuera de lo que aquí, en estos Indicios Metropolitanos he defendido y continuaré defendiendo como forma de expresión de la voluntad ciudadana, estos siguen siendo una opción al momento de emitir el sufragio. Y tan lo son que las recientes estadísticas han mostrado cómo han ido a la alza como expresión del descontento y la decepción ciudadanas frente a las propuestas de partidos y candidatos, un hecho que ha motivado a actores políticos como el diputado perredista Daniel Ordóñez Hernández o senadores de su partido e incluso panistas a proponer, como he señalado aquí y en voz del senador panista José de Jesús Santana García el 8 de febrero de 2018 mediante iniciativa concreta de reforma constitucional al artículo 41, que se reconozca la validez del voto blanco y del voto nulo en los procesos electorales.

Dar un peso específico a estos, no solo como opciones expresivas electorales al alcance de la voluntad ciudadana, sino como un factor, mejor que solo estadístico, determinante de reconocimiento y trascendencia legal para la despresurización de un presupuesto que hoy favorece más de lo que exige a los partidos políticos en función de resultados, sería, sin duda, el mayor avance hacia la consolidación de una democracia verdaderamente participativa y daría al concepto del abstencionismo no solo una regulación sensata, sino un significado más pragmático y natural, restándole la carga de pretexto desidioso como bien dejaba ver ya José Luis Vázquez Alfaro en su ensayo "El voto nulo (y el voto blanco)" publicado en 2012 por el IFE en consonancia con lo que decíamos aquí mismo ya desde 2009.