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Los empeños del señor (2a. parte)

LA IGLESIA CATÓLICA PROMOVIÓ, por mucho tiempo, las artes. Lo sigue haciendo, pero no como en la antigüedad y menos desde que esa labor fue “absorbida” por los estados.

Resulta inconcebible para algunos que, en los tiempos actuales, sacerdotes o párrocos o instancias clericales como la Arquidiócesis de Tlalnepantla pasen por alto valores culturales al momento de hacer remodelaciones, restauraciones o conservación de templos, atrios o fachadas de los mismos y, ya entrados en edificaciones de apéndices lo hagan al “ahí se va”, rompiendo la armonía estética de interiores y exteriores, sin la más mínima noción del valor urbano, arquitectónico, estético, iconográfico y cultural de los detalles que los hacen ser lo que son en el ánimo de la colectividad.
Por supuesto que resulta injusto achacar solo a los prelados tales atrocidades. También los civiles han cometido torpezas cuando de hacer mejoras en, alrededor o dentro de una obra de valor cultural y artístico se trata.

Foto: Juan María Ojeda, EFE
En ocasiones un trabajo de remozamiento puede tardar años y por lo tanto resultar tan costoso que, a juicio de los que toman las decisiones y no habiendo presupuesto que aguante, optan por la vía más rápida, fácil, práctica y “barata” que es acudir a un contratista, un maestro albañil prestigiado, o a un arquitecto o ingeniero “construye mogotes”. Eso, en el mejor de los casos, porque también sucede que hay personas, incluso artistas (no quiero calificarlos de menores) que, entre el afán de ahorrar centavos o no tener con qué y el interés de hacer las cosas con las propias manos, con toda buena intención, acaban regando el tepache “pior”. Ahí está el sonado caso hace unos años  de Teresa García, la buena anciana que pretendió restaurar el fresco del Ecce Homo obra de su abuelo Elías García Martínez, en uno de los muros de la iglesia del Santuario de Misericordia de la localidad zaragozana de Borja, España, pasando más bien a fastidiar el fresco.

Inmuebles emblemáticos
La hoy Parroquia de Nuestro Señor del Campo Florido es conocida por mucho más que solo los vecinos del fraccionamiento La Florida, en el municipio de Naucalpan de Juárez, donde se encuentra. De hecho es notable la gran cantidad de sacramentos y liturgias impartidos a pobladores de otras comunidades, tanto del Distrito Federal como del Estado de México en 40 años de existir el templo construido en 1966.

Para algunas personas, la también conocida por ignorancia iconográfica como “Iglesia del Servilletero” y cuyos sacerdotes, sobre todo en la época de los setentas, no escapaban a los motes de los muchachos inquietos (quién puede no recordar al “padre Batman” que recorría la colonia montado en su bicicleta y su capa ondeando al aire, entre otros personajes); el “servilletero”, decía, junto con
Las Torres de Satélite, de los renombrados maestros Mathías Göeritz (escultor), Jesús Reyes Ferreira (pintor) y Luis Barragán (arquitecto) ha sido un relevante referente cultural del Estado de México.

La obra del templo se atribuye al ingenio del arquitecto español radicado en México por aquellos años, Félix Candela Outeriño. De él nos cuenta la restauradora de arte y vecina del lugar, Norma García:
Ésta es obra del afamado arquitecto Félix Candela, español nacionalizado mexicano, laureado y reconocido internacionalmente por sus aportes a la arquitectura, por la creación de estructuras en las que empleó el paraboloide hiperbólico, elemento característico de sus obras. 
Puede decirse que Candela prácticamente se hizo arquitecto en nuestro país alrededor de los años 40. Obtuvo el grado de Doctor honoris causa por tres universidades extranjeras: la de Santa María de Venezuela, Nuevo Mundo de Albuquerque y la Politécnica de Madrid, obteniendo innumerables premios y condecoraciones: Medalla de Oro de la Arquitectura por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, Premio Antonio Camuñas de Arquitectura, Premio Augusto Perret de la Unión Internacional de Arquitectos, y la Medalla de Oro de la Institución de Ingenieros Estructurales.
Desde marzo de 2015, en el terreno de la glorieta donde se ubica el templo —edificado en dos etapas: primero el cuerpo terminado en 1966 y pocos años después la torre del campanario—, se empezó a construir un apéndice que contiene baños públicos y para los empleados de la parroquia. La obra quedó casi totalmente concluida días antes de publicarse este reportaje dentro de mi blog-revista electrónica Indicios Metropolitanos dado que el hecho estaba generando polémica, pues mientras unos veían y ven con buenos ojos la obra y su finalidad, otros se mostraron francamente ofendidos y lastimados, como en otro tiempo sucediera con otra obra de Candela en Cuernavaca, Morelos: el Casino de la Selva, como expuse en una entrega previa.

En palabras de Norma García:

México ha sufrido pérdidas irreparables de inmuebles que pudieran ser consideradas patrimonio de la humanidad, pero que debido a la falta de visión y compromiso con las comunidades en las que se encuentran dichos inmuebles, estos se han demolido o modificado sin tomar en cuenta el valor histórico y estético de los mismos.
El caso de la Parroquia del Señor del Campo Florido no es una excepción. El Art. 33 de la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas Artísticas e Históricas apunta que “se consideran como monumentos artísticos aquellos bienes muebles o inmuebles de valor estético relevante, según su representatividad, inserción en determinada corriente estilística, grado de innovación, materiales y técnicas utilizados y otras análogas” y tal es el caso de esta obra de Félix Candela.
En su opinión, si bien es cierto que la parroquia carece de declaratoria oficial para denominarla patrimonio de la Nación, los vecinos, autoridades gubernamentales y eclesiásticas deberían promoverla como tal con la intención de proteger el inmueble de futuras modificaciones, pues aparte de estos baños de ahora ya había sufrido unas al interior.

Hugo López, arquitecto, también vecino de la zona y miembro de la comisión técnica de Defiende a la Florida que ha dado seguimiento a la construcción del Viaducto Bicentenario por la empresa OHL desde 2010, opinó acerca de las modificaciones que ya ha sufrido el templo bajo la administración del actual párroco:
La obra de Candela había trascendido muy dignamente al tiempo, por el magnífico diseño de su autor, pero ¡el piso de porcelanato y aplanar con yeso o pasta la huella de la cimbra! —que es la jerga formal característica de la época y de la obra de Candela— es una bofetada al buen gusto, a la conciencia colectiva y al concepto mismo de conservación.
Norma García acotó que vale la pena destacar que las leyes de protección de monumentos no solamente protegen a los inmuebles en sí mismos, sino el entorno en el que se encuentran inmersos; en este caso resulta de especial relevancia dado que el templo se encuentra ubicado en una glorieta que forma el remate visual de las calles que conducen a él y hace parte también del diseño urbano del fraccionamiento. Por tal razón, la parroquia en sí incluye el terreno en su totalidad por ser parte integral del mismo a modo de atrio. Desde este punto de vista, el tema fundamental en esta controversia no versa sobre la pertinencia de unos baños, sino de la afectación a una obra emblemática por medio de una estructura que rompe totalmente con la armonía y estética del conjunto.

Más allá de las formas
A decir de la restauradora, quizás dos de las preocupaciones más grandes de los vecinos se centra en la seguridad y el uso que se les pueda dar a los baños. Daniela Palafox, vecina e historiadora del arte considera que:

Los vecinos de cierta manera tienen razón, la obra fue construida con base en un entorno urbano y estético que en su momento fue válido, por la época. Ahora, la obra en sí se ha ido adaptando y amoldando a los parámetros estéticos y urbanos de nuestros días, de cierta manera ha sido modificado su entorno como por ejemplo los jardines que la rodean, pero eso no quita que la obra siga siendo buena. 
Desde mi punto de vista, creo que no es correcto hacer unos baños públicos al lado de una iglesia; en segundo lugar, es un fraccionamiento; en tercer lugar, ¿por qué hacer eso y para qué? ¿Acaso hay mucha necesidad de tener baños públicos? ¿Sabes el riesgo que eso implica, en todos los sentidos? Es una zona residencial y tenerlos es incitar a otro tipo de cosas, en este caso, sociales y culturales. Y, para rematar, en cuanto a la obra arquitectónica, se demerita estéticamente una edificación. Quienes hicieron esto tendrían que haberse metido a entender, analizar y estudiar la función del edifico, en todos los sentidos.
El párroco, entrevistado por el diario El Universal el 23 de marzo, comentó que la obra “tiene el propósito de proporcionarles servicios sanitarios a los feligreses; y la comunidad es más importante que la arquitectura”. Esta declaración calentó más los ánimos de los opositores.
Loable objetivo —opinó un vecino—, si es que el uso de estos no está sujeto a un cobro, que de ser así más bien se trataría de obtener beneficios económicos y no en apoyo y beneficio de la feligresía.
Dado que la inseguridad en el fraccionamiento La Florida no ha escapado a los aires de los tiempos que vivimos, algunos vecinos se preguntan además quién estará encargado de la seguridad en los mencionados baños y temen la aparición de oportunistas y vendedores ambulantes, además de fauna nociva y el deterioro de la salubridad del espacio.

Las opiniones siguen divididas incluso entre los fieles asiduos a la parroquia. Guadalupe Rojas Icaza, abogada y pintora vecina del fraccionamiento, considera que la idea de los baños públicos es útil y pertinente, que favorece sobre todo a las personas ancianas que viven en la zona y no nada más, pero está de acuerdo en que debió haberse tenido cuidado con la estética del lugar y el apego al diseño arquitectónico.

En el mismo tenor, aun sin ser vecino de La Florida, conocedor de muchos aspectos urbanos, culturales y arquitectónicos del Estado de México y el municipio de Naucalpan de Juárez, el ingeniero Carlos González Escamilla opinó:
Estoy totalmente de acuerdo con el establecimiento de baños al lado de una parroquia donde asisten sobre todo personas mayores y que por consiguiente requieren con frecuencia los servicios. Creo que sí pudieron diseñar algo más discreto que se pudiese mimetizar con los árboles, pero en todo caso los quejosos debieron haber propuesto algo más simulado.
Otra vecina, al ver terminados los baños se limitó a decir: “¡Quedaron bonitos, no?”.

Las reacciones anteriores no podrían comprenderse sin el parecer de los principales actores en el hecho: el párroco y la Arquidiócesis de Tlalnepantla de la que depende.

La voz de la iglesia
Al parecer la obra obedeció a la solicitud de la feligresía y ser una necesidad que se evidenció tras el hecho de la ubicación temporal ahí de la Caravana de Prevención y Promoción de la Salud organizada por dos años consecutivos por el gobierno del Estado de México.

El párroco Francisco Maldonado, teniendo como testigos a dos damas miembros del Consejo Parroquial, así como el sacerdote Mauro Daniel García vocero de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entrevistados respectivamente el 16 y el 20 de abril por Indicios Metropolitanos, adujeron como las principales razones para la construcción de los baños los siguientes tres motivos,  en este orden: 1) Necesidad pastoral. La parroquia, que contaba con un par de baños en sus oficinas construidas bajo el templo ya había sufrido inundaciones por causa del desnivel. Las lluvias anegaban la región norte del jardín atrio en la glorieta desbordándose. Para eso se construyó un retén que resolvió en parte el problema pero descubrió que, al estar la cisterna en un nivel toda vía más bajo que las oficinas, por causa de la presión de entrada del agua potable, a pesar de los flotadores y las válvulas, el agua rebozaba inundando desde el interior. Aparte se solicitó al municipio sin la intermediación de Participación Ciudadana el desazolve de las cañerías y coladeras alrededor del templo en enero de este año. Inhabilitados esos baños sólo quedaba uno al interior de la torre del campanario, diminuto y por lo tanto insuficiente para las necesidades tanto de los trabajadores de la parroquia como, sobre todo, la feligresía cuya comunidad en los años recientes se caracteriza por un número mayor de personas ancianas. 2) Lo anterior referido a la feligresía derivó en que esta solicitara los servicios públicos; y 3) la encomienda expresa y específica del arzobispo al párroco anterior P. Juan Manuel Villa Ceballos hace un año para atender todas las necesidades a que hubiera lugar de parte de la feligresía.

En vista de estos tres motivos, el actual párroco, P. Francisco Maldonado notificó públicamente hará un año atrás el proyecto a la feligresía y consultó con el Consejo Parroquial conformado por vecinos del fraccionamiento La Florida, el que dio su visto bueno y junto con el sacerdote puso manos a la obra, recaudando los fondos necesarios mediante promociones como la venta de donas y la celebración de un par de kermeses, una en septiembre de 2014 y otra en el mes de marzo de 2015 en las canchas del fraccionamiento.
Lo importante es que no se tocó a la parroquia. La gente que no va a la iglesia es la que tal vez más se siente afectada por la obra. 
Reconozco un diseño y un valor arquitectónicos. No los niego. El objetivo no fue ni destruir ni quitar valor arquitectónico al templo. Mi intención fue conservar el inmueble. El proyecto se efectuó con iniciativas personales, con la asesoría y supervisión de un arquitecto que no es vecino del fraccionamiento. Y se obtuvo el permiso correspondiente del gobierno por intermediación de las autoridades auxiliares de Participación Ciudadana.
Al cuestionar a los sacerdotes acerca de por qué el arquitecto, en su calidad de artista no contempló el diseño del conjunto y respetar el concepto del creador Félix Candela, tocando, sí, el templo en el elemento del atrio y la torre al adosar un cuerpo cúbico en vez de cilíndrico, la Arquidiócesis por voz del P. Mauro Daniel García reconoció desconocer el dato, enfatizando que “en todo caso se hizo lo más práctico o ¿lo que se quiere es que se hagan los baños redondos?”; mientras, el párroco se responsabilizó de haber sido él quien tomó la decisión de hacer los baños con el diseño con el cual se realizaron, es decir: un cubo rectangular adosado a una torre cilíndrica por ser lo más práctico y para atender lo necesario en la medida de las posibilidades.

Iconografía para la comunicación de La Palabra
La arquitectura —dice Leland M. Roth en su libro Entender la arquitectura — es el arte inevitable.
Despiertos o dormidos, durante las 24 horas del día estamos en edificios, en torno a edificios, en los espacios definidos por ellos o en paisajes o ambientes creados por la mano del hombre. De quererlo así, nos resultaría fácil evitar deliberadamente la visión de pinturas, esculturas, dibujos o cualquier otro producto de las artes visuales, pero la arquitectura nos afecta constantemente, configura nuestra conducta y condiciona nuestro estado de ánimo psicológico […] La arquitectura, más que limitarse a ser un mero cobijo o paraguas protector, es también la crónica física de las actividades y aspiraciones humanas. Es nuestro patrimonio cultural.
Para los teóricos, como León Battista Alberti, el círculo y la planta central creados por el arquitecto renacentista Filippo Brunelleschi eran símbolos religiosos de la perfección divina con un alto poder evocador. La cúpula, erigida sobre el centro pasó, así, a ser la manifestación externa más característica de esos proyectos de planta central, como el de la parroquia que nos ocupa. Es decir, arquitectónicamente hablando, la iglesia es un ejercicio racional de extrapolación de partes a partir de un imaginario cubo central ampliado mediante bóvedas de cañón y semicírculos —en este caso ondas paraboloides— en todas las direcciones. Cada elemento del exterior es un anuncio de lo que se va a encontrar en el interior. No hay sorpresas intelectuales ni estéticas, sino más bien una perfecta adecuación a una armonía proporcional en cada una de sus partes, que para la parroquia de La Florida se traduce en la dinámica misma de la naturaleza como creación divina.

Pier Luigi Nervi escribió en su ensayo “Sobre el proceso de proyección” incluido en el libro La Estructura en el Arte y la Ciencia compilado por Gyorgi Kepes:
Si la independencia de espíritu es una buena premisa para la búsqueda de las adecuadas soluciones funcionales y constructivas, en lo que atañe al aspecto estético, se convierte en una condición absolutamente indispensable.
El carácter de una construcción no depende del perfil de las molduras, de las dimensiones de las ventanas o de cualquier particularidad decorativa, sino de las relaciones fundamentales de volúmenes y formas, de las características de la estructura sustentante, en una palabra, de los elementos que se relacionan, no con el acabado, sino con el esqueleto y el organismo estructural del edificio.
Creer que se puede modernizar [aun con el propósito de una presumible conservación] un edificio que fue concebido con un espíritu ajeno a las ideas y sentimientos nuevos, constituye el mismo estéril y lamentable error en que se incurre al querer rejuvenecer un rostro con base en maquillaje.
El párroco Maldonado tiene por su parte una versión distinta de las cosas. A su juicio, al igual que el de Jesús, no es más importante el templo que la gente.
Pongámoslo así, suponiendo que yo fuera gerente de un establecimiento, necesito y estoy en la obligación de ofrecer todos aquellos servicios que atienden al hombre, al ser humano, no importa cómo; es decir no solo en lo espiritual sino también en lo corporal. De ningún modo la intención fue ofender o lastimar a la comunidad, sino servirle en lo necesario.
La parroquia de Nuestro Señor del Campo Florido sita ni más ni menos que —nótese lo significativo— en el medio del Paseo del Verano, haciendo confluencia con Paseo del Otoño y la calle Azucenas del fraccionamiento La Florida, tanto en su concepto arquitectónico como por su misma denominación, es simbólica y originalmente dedicada a San José —el nombre significa “el que florece”—, aunque esto parece ignorarlo la misma Arquidiócesis. Esto se lee en la iconografía de la arquitectura misma desde que por su concepto incluye, además de la cúpula —que invariablemente remite a la gloria y la divina providencia—, una sola torre de campanario al costado derecho (visto el templo de frente; si fuera al izquierdo sería señal de estar dedicada a la Virgen María; si tuviera dos torres, significaría la devoción a la Sagrada Familia; cuando no hay torres, se considera tal templo dedicado a algún santo posterior específico como San Ignacio o San Francisco, por ejemplo).

Los baños públicos recientemente construidos contrastan con el conjunto desde su concepto como producto cultural aún más que por razones estéticas. Porque, más allá de que en los acabados exteriores de las paredes de los baños se simularon ladrillos con ranuras en el aplanado y se pintaron con colores igualados a los de la torre; que en el costado sur y la entrada, al este, debajo de las escaleras de la torre, se adornó con lajas y una fuente de cantera negra, material fuera de lo considerado en el diseño original. Además de eso y de la forma rectangular, tienen un techo plano, mientras que la torre está rematada con una techumbre con forma de onda, basada —como la del templo— en la geometría de la parábola hiperbólica y por lo mismo en la de la naturaleza, lo que permite que ambos elementos del templo vistos desde las alturas semeje la corola de una flor de 16 pétalos concrescentes, mientras desde el piso ofrece la vista de un templo de planta circular o cáliz coronado, construido sobre un desplante libre de columnas,  esquinas y contrafuertes, simbolizando así la liberación del espacio y el tiempo por virtud divina además de fundirse con el entorno natural.

Este dato de un techo plano ha llevado a vecinos a sospechar que los baños sean el primer paso y el pretexto para más adelante levantar un edificio mayor adosado a la torre del campanario, donde puedan albergarse más nichos funerarios de los que ya, desde hace aproximadamente un lustro, hay en la torre adaptada en su interior para el efecto.

Esta sospecha la aclaró el párroco a Indicios Metropolitanos —aunque sin entrar en detalles—, explicando que existen razones legales de corte federal que impiden que se construyan más nichos en todo el país.

Por lo que respecta a los acabados, llama la atención que el remate de la fuente nueva, desde el que se alimenta, presenta la figura de un León, lo que iconográficamente asociaría al templo y particularmente a los baños y la torre a la cual se adosa con el apóstol San Marcos cuyo evangelio destaca, en primer lugar, la paradoja de Jesús incomprendido y rechazado por los hombres, pero enviado y triunfando por Dios—como si las reacciones vecinales respecto de los baños reflejaran el dato irónico de unos “sanitarios incomprendidos”—. Lo que menos le preocupa es la enseñanza del Maestro y refiere pocas de sus palabras. Su tema esencial es la manifestación del Mesías crucificado. Por una parte muestra en Jesús al Hijo de Dios y reconocido como tal por el padre, los demonios y hasta los hombres, pero por otra parte subraya enérgicamente su fracaso aparente ante los hombres entre los que genera escándalo, hostilidad, incomprensión. Mensaje iconográfico interesante, ¿casual?, detrás de la decisión del párroco, si consideramos que en una primera oportunidad —y como consta al autor de este texto— se pensó en colocar como remate un ángel, es decir, el símbolo correspondiente a San Mateo, más enfocado en mostrar el cumplimento por parte de Jesús de las Escrituras, de la ley y las profecías.

Nervi apunta en el citado ensayo:
El proyectista […] debe tener un completo conocimiento de todas las condiciones que limitan cada problema de construcción y un pleno dominio de los métodos técnicos de la edificación y de la distribución planimétrica adecuada de los espacios y de su interdependencia funcional. 
Un completo dominio técnico es necesario y fundamental como punto de partida para todas las soluciones arquitectónicas que deben trascender las usuales trivialidades constructivas.
Siguiendo esta idea, en palabras de Norma García:
Resulta indefendible que el diseño de los baños se remita a una estructura ramplona y ordinaria de planta rectangular, adosada a una torre de planta circular. ¿Quién pudo haber pasado por alto que la obra de Candela, nuestra parroquia, carece de aristas? Salta a la vista, y no se requiere tener ningún posgrado para comprender que la obra de los baños debía integrarse de forma armónica a la parroquia.
Haciendo eco a las voces que incluso demandan la demolición de dichos sanitarios, a juicio del también arquitecto, vecino y miembro de la comisión técnica Defiende a La Florida, Adrián Trujillo:
La obra arquitectónica es muy importante, se pensó con un jardín rodeando una obra muy bella, esto se llama entorno, contexto. Cualquier cosa que no esté dentro de este entorno lo rompe y denigra. Considero que siempre habrá una manera de respetar las obras de arte y no hacer porquerías. Candela fue el primer arquitecto en México en usar cascarones de concreto —que así se conoce a las formas como las del techo de la parroquia—. ¡Por favor, habiendo tantos arquitectos en la zona que con gusto haríamos un proyecto sin costo y hacen eso! ¡Que Dios los perdone!
A semejantes opiniones tanto el párroco como la Arquidiócesis respondieron:
El proyecto se hizo público un año atrás y no hubo un solo arquitecto o ingeniero perteneciente a la feligresía que se acercara así a la administración o al Consejo parroquiales para ofrecer sus servicios de ninguna manera, ya para la proyección de los planos o la supervisión de la obra desde su diseño. No hubo uno solo.
Y a la pregunta de si párroco, Consejo Parroquial y Arquidiócesis estarían dispuestos a que se revisara y remodelara la obra ya hecha para adecuarla al conjunto, respondieron que por ellos no habría inconveniente, que están abiertos al diálogo siempre y cuando el o los quejosos interesados también aporten los medios para el efecto y sometan el proyecto a revisión. “Quien no ayude que no estorbe” afirmó la Arquidiócesis y agregó que no se descarta nunca la intervención del Instituto Nacional de Antropología e Historia y/o del Instituto Nacional de Bellas Artes en circunstancias de restauración, conservación, remodelación y mantenimiento de los inmuebles eclesiásticos, sobre todo de los edificios modernos no incluidos en los catálogos de estos institutos.


Párroco y Arquidiócesis cerraron sus declaraciones invitando a la comunidad a involucrarse un poco más en los aspectos espirituales y formar iglesia, no nada más contemplar desde el exterior los inmuebles sin participar más activamente como congregación, esto en consonancia con la misión diocesana que se verificará el 17 de mayo con la finalidad de hacer visitaciones a las casas de los vecinos y acercar al hombre a Dios.
Esperamos que los misioneros sean recibidos con amabilidad y aún más con un espíritu humano por parte de los miembros de la comunidad. Sobre todo considerando que, como dice el Señor, ninguno somos dueños de las iglesias ni de lo que hay al interior de los templos, sino simplemente somos administradores y servidores de la comunidad.