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La piel de un candidato. Sobreviviendo a la crítica



ERA DE LA OPINIÓN… de que, si alguna criatura tenía la piel tan gruesa como la de un rinoceronte o un reptil, esa era precisamente cualquier candidato a elección popular. Y cada vez confirmo semejante creencia con la cercanía que Indicios Metropolitanos me ha permitido tener con distintos actores de la política, al menos la tocante a mi localidad, Naucalpan, en el Estado de México, aunque no exclusivamente.

Todo candidato —la generalización no excluye el género, por lo tanto, ¡insisto!, la redundancia imbécil del discurso “políticamente correcto” de decir “todo candidato, toda candidata” es no nada más inoperante, gramaticalmente estúpido, sino una innecesaria inversión de tiempo, esfuerzo mental y lingüístico so pretexto de la indiscriminada consideración por la diversidad humana—; todo candidato, decía, es sujeto de crítica como cualquier persona.

Criticando, que es gerundio

Todos criticamos y a todos se nos critica, por angas o mangas, seamos candidatos o no. Es, de alguna manera, parte de nuestra característica humana la de emitir juicios de valor, acertados o no, acerca de los actos, dichos o apariencias de personas o cosas con las que no estamos de acuerdo, no nos agradan o en las que notamos la posibilidad de una “mejoría” o transformación más afín a nuestro parecer.

La crítica toma muchas formas que van de la argumentación fundamentada en pruebas y evidencias hasta la opinión sarcástica anclada en creencias e incluso prejuicios.

Un dato tergiversado en la comprensión de un hecho, dicho, persona o cosa o situación o circunstancia es suficiente para desatar la reacción de o hacia la crítica de parte de quien es foco de la misma. Tal enrevesamiento de lo veraz, por resultar de la percepción e interpretación de quien critica, con base en sus conocimientos, experiencias, ideas, enfoque, perspectiva sobre lo criticado, ocasiona que la reacción pueda darse ya de modo virulento, con violencia, de manera contradictoria o, al contrario, aceptando, asumiendo la parte de veracidad que puede tener el discurso crítico al señalar lo que sale de lo común, de lo aceptado, de lo esperado.

En pleno período de campañas electorales, como las que estamos experimentando ahora en México, es esperable que los candidatos se den entre sí hasta con la cubeta, incluso falseando si es pertinente [ (ANIMAL POLÍTICO, 2018); (SDP Noticias, 2018)] y que, lo mismo simpatizantes, militantes o quienes emitimos análisis profesional a través de los medios de comunicación, o la variopinta opinión del ciudadano usuario de redes sociales que conforma esa llamada por mí opinioncracia, conlleven una marcada dosis de crítica. Algunos la harán con una tendencia destructiva, otros, con preferencia por construir vasos comunicantes y entendimiento, a veces acuerdo o incluso consenso. Todo cabe en la viña del señor convertida en red social por virtud o vicio de la tecnología.

La piel capaz de tolerar, mejor que soportar, los “insultantes” dardos de la crítica —parafraseando a Hamlet— no tiene que ser por necesidad gruesa, refractaria, impermeable; se es o no se es, y, en esto, la paciencia tanto como la apertura son factores determinantes. Al contrario, a veces la piel más sensible y permeable hace posible que los efectos de la crítica incidan en la reconstitución de lo que subyace en las ideas y conductas de quienes, criticados con o sin razón, muestran una actitud estética y abren los sentidos no solo a los paradigmas que los sostienen, sino a las paradojas que en apariencia los pueden contradecir, por serles, no tanto opuestas como complementarias. ¡Simple ósmosis conceptual!



En el marco de estas campañas por la presidencia o por cargos de elección popular a nivel local, no hace mucho el diario El País recordaba cómo el afán político “revivió” en Twitter una “vieja” crítica del candidato morenista Andrés Manuel López Obrador a los profesionales egresados del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) [ (RODRÍGUEZ, 2018); (LÓPEZ OBRADOR, 2016)], haciendo una generalización institucional como recurso retórico para señalar lo criticable en los entonces probables candidatos a competir con él por la presidencia de México, como Luis Videgaray y el hoy, ya en efecto, candidato por la coalición “Todos por México” formada por los partidos PRI-PVEM-Nueva Alianza, José Antonio Meade Kuribreña.

La construcción del significado político del devenir

A AMLO, el tiempo, los años, lo han mesurado… y cansado; pero, también le han dado perspectiva. No por ello ha de descalificársele rabiosamente como hicieran sus contrincantes Meade y Anaya durante el segundo debate, cuando le señalaron:
El problema, Andrés Manuel, no es tu edad, en lo absoluto. El problema es que tus ideas son muy viejas […] Tampoco me parece, en lo absoluto, un problema que no entiendas inglés. El problema, Andrés Manuel, es que no entiendes el mundo. Ese sí es un problema (ANAYA, 2018).
Y también resulta petulante y miope, cuando no necio, creer que, de las ideas añejas, no puede todavía extraerse lo providencial para atajar dificultades del presente o para vislumbrar el porvenir.

Quien no aprende de la historia tiende a repetir en el futuro los mismos errores (frase hecha). Ha habido ideas enterradas por decenios en, por ejemplo, revistas científicas de medicina, olvidadas y que, por tozudez o curiosidad crítica de un investigador, de pronto se encuentra en ellas la simiente para nuevos procedimientos, metodologías o prognosis sobre tal o cual remedio para alguna enfermedad. Y esto ocurre en todas las áreas del conocimiento.

El desdén por las “ideas preconcebidas” puede estar fundado cuando se comprueba que estas derivan en maleficio o distorsión de las respuestas anticipadas. Empero, también propende a distanciar de puntos de vista a veces visionarios o provenientes de la sabiduría popular, milenaria, aun cuando no hayan sido producto de la descripción del presente que interesa. La caducidad, cuando mucho, solo es un indicio de que algo añejo puede no funcionar a plenitud o, en el peor de los casos, ocasionar efectos colaterales más nocivos de lo que se pretende remediar.

De ahí que no concuerde por completo, a título personal, con lo expuesto por el joven orador conferencista Iván Adel Chipeña ante políticos y estudiantes reunidos en el recinto del Senado de la República cuando examinó:

Las vanguardias [en oratoria] del siglo XXI tienen que ver con [estas] premisas fundamentales: la pragmática, el pathos y, sobre todo, la dialéctica. ¿Esto qué quiere decir? Que no hay un mensaje sin retroalimentación, sin un ejercicio de ida y vuelta. Pero, este mensaje tiene que ser proporcionado en emoción y en racionalidad.

¿Qué observamos hoy? Las grandes narrativas tecnócratas no funcionan para resolver los problemas nacionales. O sea, si te dicen que “el problema lo solucionas con un sello de política pública el cual tiene que estar segmentado a través de la estratificación de los deciles poblacionales”, eso no conecta con nadie. Eso no soluciona los problemas de fondo. […Hoy…] nos encontramos en el gran divorcio de la tecnocracia, que ha fallado para conectar con la gente y sus grandes narrativas, y los problemas micro que tenemos que aprender a resolver.
[…] Mucho del siglo XXI tiene que ver con aprender y conectar grandes narrativas; y esas grandes narrativas tienen que ver con la construcción de mensajes sencillos a la audiencia. Pero, la sencillez no tiene que ser pariente de lo raro [… o] de lo burdo, sino que tiene que ser doblemente explicado con mayor facilidad. Si [se logra] que un tema complicado como el de Ley de Seguridad Interior [pueda ser explicado] a un niño de primaria y [este] entienda, [se está] comunicando de forma efectiva. Pero, ustedes [políticos], están muy encaprichados en tratar de resolver la complejidad con complejidad, y seguirán fracasando en sus discursos con esas grandes propuestas. Hoy, lo que necesitamos son estas micro narrativas que construyan un acercamiento con las personas.
[…] Las vanguardias del siglo XXI en la oratoria tienen también que ver con un punto fundamental. Yo respeto mucho el pensamiento de los autores del siglo XX de México, son profundos, son claros; pero, hablan del siglo XX. Y este es otro de los grandes déficits que yo noto: [los oradores] quieren describir la realidad del siglo XXI con autores del siglo XX.
Ustedes tienen que darle cauce y voz a su tiempo y es ahí donde la pragmática tiene un elemento fundamental. Y eso implica un reto aún mayor […:] estar con los autores del siglo XXI y tomarlos y hacerlos propios […,] porque seguimos describiendo un México de Carlos Fuentes de 1954 […]
Es algo muy complicado reconocer que el tiempo y el pensamiento caducan en tiempo y espacio […] Las generaciones siempre están en una lucha constante entre el pasado y el presente […] ¿Cómo construir una idea de prospectiva o de futuro en el siglo XXI? […] En la política, para resolver los problemas sociales, le tenemos mucho miedo a decir “yo siento esto y mi intención es esta” (CHIPEÑA ESTRADA, 2018).

Lo de hoy descansa en el ayer, todavía

Estar con los autores del siglo XXI, propone el joven orador y conferencista. Sí, puedo estar de acuerdo. Solo que Chipeña olvida que estamos empezando el siglo XXI, es 2018 y “los autores del siglo XXI” son apenas unos adolescentes sin mucha idea siquiera de su presente. Los que sí actuamos como autores del siglo XXI somos todavía esos adultos de mediana edad nacidos, le guste o no a Chipeña —él incluido—, en la segunda mitad del siglo XX. Es lógico que nuestras referencias básicas partan de lo experimentado a lo largo de nuestras vidas en el transcurso del tiempo a la fecha de hoy. Somos, por más que describamos lo que ocurre actualmente, autores de la transición entre siglos. No somos todavía ni de aquí, ni de allá temporalmente. Aún estamos acomodando los nombres, las aportaciones de quienes pudiéramos ser considerados como los autores de nuestra mexicanísima versión de la Generación del 98. Y somos autores en la medianía de la edad, hoy más próximos a la senectud que a la adolescencia que apenas va abriéndose paso.

AMLO, de haber sido totalmente sensible e intolerante a la crítica, hoy parece haber cambiado un poco asumiendo que se puede nadar mejor “de muertito” (como hace el pejelagarto) que hacerlo a contracorriente —en realidad siempre ha reaccionado así, taimado, de ahí su mote desde su juventud—, aun cuando ello no implica de pronto actuar con la enjundia del salmón, sobre todo si se trata de oponerse a un sistema señalado de corrupto o clamar el desmantelamiento de instituciones [ (MONROY, 2018); (PÁRAMO, 2018)].

Esto es en síntesis el enfoque crítico de AMLO frente a la que él ha calificado como “mafia en el poder”, pero de la que no ha negado ni reconocido su influencia en la propia trayectoria personal, como ese conjunto de ideas viejas cargadas en su talega de formación política e intelectual. Las mismas, por cierto, que cargan los otros candidatos, aunque acomodadas de distinta manera en su bagaje. Tiene razón AMLO cuando dice que vamos siendo testigos de la cuarta transformación del sistema político mexicano, aun cuando lo mira con la óptica del viejo sistema en que se crio; y todos vamos siendo pieza primordial en esta transformación lenta, penosa, incierta.


La confrontación de las ideas y propuestas de los candidatos, tengan su base en lo viejo o en lo nuevo, al final nos deja, a los mexicanos electores, con un palmo de narices, boquiabiertos porque, jóvenes o viejos, los candidatos acaban diciendo las mismas promesas de siempre, aun cuando las vistan con joviales ropajes de modernidad. ¡Cuánta razón tiene el poeta León Felipe! Aunque la forma cambie, en el fondo son las mismas ideas, las mismas guerras, los mismos hombres, las mismas ambiciones, las mismas diatribas, las mismas necesidades.

¡Qué pena!¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguasy siempre se repitieranlos mismos pueblos, las mismas ventas,los mismos rebaños, las mismas recuas! ¡Qué pena si esta vida tuviera—esta vida nuestra—mil años de existencia!¿Quién la haría hasta el fin llevadera?¿Quién la soportaría toda sin protesta?¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierraal ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?Los mismos hombres, las mismas guerras,los mismos tiranos, las mismas cadenas,los mismos farsantes, las mismas sectas¡y los mismos, los mismos poetas! ¡Qué pena,que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!


Con melón o con sandía

Los partidos, en general, también fueron mucho tiempo reaccionarios a cualquier crítica interna o externa, escudándose en estatutos, ideologías, administraciones, leyes. La animadversión creciente de la ciudadanía frente a los efectos nocivos de la partidocracia como han sido el ninguneo de la participación ciudadana, el acaparamiento avaro y ególatra del poder para beneficio de una variedad de minorías empoderadas, insaciables, así en el medio empresarial como el político, la trampa bien armada de la transparencia; esa animadversión, decía, los puso más tarde que pronto contra la pared y todos, sin excepción, decidieron olvidarse de principios y dar eco a las voces de inconformidad —adaptándolas a sus intereses, como si patadas de ahogado o gato boca arriba—, padeciendo en seguida rompimientos, divisiones, individualismos que produjeron una casta de políticos aun más oportunistas, los chapulines brincadores de una fórmula a otra, de una plataforma a otra, de una institución a otra, en busca del follaje apetitoso del cual nutrirse: “si no me hallo en esta mata, salto a la de enfrente”, piensan.
Los jóvenes “ninis” y “milenials” no han sino seguido el mal ejemplo, brincando —cuando y si lo hacen— de una oportunidad laboral a otra, o a ninguna, esperando por el mejor postor o esperado simplemente nada. Estos saltamontes, langostas en potencia, empiezan a proliferar como plaga así en las izquierdas como en las derechas —etiquetas cada vez más inoperantes en su caducidad—, arrasando con campos enteros de esperanza, enmascarados muchas veces bajo la figura ilusoria de un ciudadanismo que es expresión de hartazgo y que, en la figura del “candidato independiente” creyó encontrar la fórmula para alejarse de los partidos clásicos, para encontrarse, ¡oh desilusión!, con que, a querer o no, también el ciudadanismo es una forma de “tomar partido” así sea por la orfandad política e ideológica.


Qué tristeza ver que las candidaturas independientes para presidente terminaron sirviendo solo para el reciclaje político. ¡Y lo peorcito de los políticos! Aquí perdimos todos. (LUNA, 2018)
Así, el PRI decidió por proponer a los mexicanos un “candidato ciudadano” en Meade, para hablar el mismo idioma y esconder, ya no detrás de la atractiva figura personal, sino del concepto, la trampa del continuismo. Ricardo Anaya representa el sincretismo ramplón de los fundamentos panistas con el conformismo moderado perredista, sombra vaga de lo que dio origen a ambas fórmulas políticas. Y este sincretismo ramplón desafortunadamente se ha extendido hasta las bases mismas, generando un confuso fango donde solo el voto popular se verá estancado, disperso, difuso, forzado a ser emitido en favor de “alguna izquierda”, que hoy todos los son, de cierto modo, como ya he escrito en otros textos.

Indicios Metropolitanos ha podido atestiguar cómo, entre personas comunes que antes simpatizaban, por ejemplo, con Josefina Vázquez Mota o Margarita Zavala, hoy apoyan a Patricia Durán Reveles, las tres oriundas del PAN, la segunda hoy ex candidata independiente por propia voluntad y convicción frente a la desventaja numérica de las estadísticas. La tercera, cobijada hoy por un Andrés Manuel López Obrador acusado de dar entrada a quien caiga. Esas personas comunes son simpatizantes del PAN a disgusto con las decisiones partidistas y que, en vez de inclinarse ahora por la casa, se inclinan mejor por cualquier demiurgo que les ofrezca lo mínimo de sus esperanzas, necesidades, ilusiones. Pero también los hay que son de MORENA, del PRD, del PRI que deambulan como migrantes desamparados en busca de una ideología, una bandera, un color del cual asir la identidad, donde asilar las creencias. Es como si quisieran borrar con la goma de sus desesperanzas las traiciones acomodaticias, los golpes de timón que llevan a los candidatos a presentarse como “opciones ciudadanas” de moda. Y, como todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar, vemos que las canicas de todos los colores encuentran su espacio al cobijo del candidato más cómodo, próximo o afín, ya por género, ya por estrato. ¡Caray, creo que hay más lealtad entre los aficionados al futbol!



Así como en el futbol, los políticos también han hecho suya la costumbre
de intercambiar camisetas al pasar de un partido a otro.

Todo, pues, es una revoltura, una “coalición” esperpéntica, suerte de cubeta donde los cangrejos intentan salir jalándose los unos a los otros. Los chapulines, entonces, ya no solo son políticos profesionales, también el viandante común se ha puesto a saltar de una opción a otra, tratando de hallar qué arbusto le ofrece las mejores hojas, la más placentera sombra bajo la cual progresar. Ya no solo son perros persiguiendo un hueso, ahora son parias nómadas sin un asiento para sus sueños. ¿Esto los convierte en apóstatas de sus ideales?

Noticias falsas, guerras sucias, candidatos desollados

Desde que el presidente Donald Trump estaba en su campaña electoral tomó como bandera política el concepto de las “noticias falsas”, en especial luego de que los medios de comunicación contrarios a su candidatura comenzaran a publicar información variopinta, atacando o exhibiendo a su persona, a veces sobre la evidente base de una campaña negra, a veces con fundadas, aunque discutibles, razones.

Con iracundia flamígera, el entonces candidato Trump y aún hoy inyectó, en el ámbito de lo que yo he llamado opinioncracia, la insidiosa sospecha de que todo o casi todo lo que circula en las redes sociales y los medios tradicionales es falso, desacreditando así el grado de influencia que pueden tener los solos ciudadanos y sus pares entre sí a efectos de orientar el sentido del voto, y no se digan los colegas periodistas “intencionados” cuando de elegir o generar contenidos al margen de los canales oficiales se trata. Toda proporción guardada, recuerda esto la paranoia que en su momento experimentó el presidente Richard Nixon en contra de los diarios de su época.



El antropólogo Clifford Geertz nos explicaba ya, a finales del siglo pasado, que “algo que todo el mundo sabe, pero que nadie siquiera piensa cómo demostrar es el hecho de que la política de un país refleja el sentido de su cultura” (GEERTZ, 1991, pág. 262). El mayor problema no es solo este no reconocimiento, sino lo fácil que es contagiar o corromper dicho sentido desde la base del poder en su incesante búsqueda por construir un significado a modo y apartado del significado que implica la cada vez más determinante influencia que la diversidad propicia al interior de cualquier nación.

Los ataques de Trump contra esa diversidad étnica, contra los inmigrantes, tiene su justificación, para mal o bien, en las reacciones que en otras latitudes como Europa han ocurrido tras las andanadas de refugiados provenientes de países de África o Medio Oriente, y por supuesto con la migración que se da de América Latina a Estados Unidos.

Lo que vemos ocurriendo en Estados Unidos como en algunos de los países de Europa, como Alemania o Francia, recuerda bastante lo descrito por Geertz para el caso de Indonesia. Para el antropólogo cuya visión crítica ha sido determinante para las nuevas tendencias en las ciencias sociales:
La principal tentación que hay que resistir es hacer conclusiones generales y la principal defensa contra esta tentación consiste en rastrear explícitamente los lazos sociológicos que hay entre temas culturales y fenómenos políticos, y no en moverse deductivamente de una esfera a la otra. Las ideas –religiosas, morales, prácticas, estéticas–, como Max Weber, entre otros, nunca se cansó de decir, deben ser sustentadas por poderosos grupos sociales para tener poderosos efectos sociales; alguien debe reverenciarlas, celebrarlas, defenderlas, imponerlas. Las ideas tienen que ser institucionalizadas para cobrar en la sociedad no solo una existencia intelectual sino, por así decirlo, también una existencia material [op.cit. pág. 264].
Así como en Indonesia, a mediados del siglo pasado, resultó sintomático que fue justo la negación de la diversidad interna lo que impidió a Indonesia encontrar una forma política efectiva para el desarrollo de la región, así también sucedió en Estados Unidos, en Europa y en América Latina.
La diversidad fue negada por considerársela una calumnia colonial y deplorada como un resto feudal al tiempo que se la sustituía por sincretismos, historias tendenciosas y fantasías utópicas; pero, mientras tanto, el enconado combate de los grupos (que se ven como rivales no tan solo para lograr poder político y económico, sino para conquistar el derecho de definir la verdad, la justicia, la belleza, la moral y la naturaleza misma de la realidad) se desarrolla desenfrenadamente sin que lo guíen instituciones políticas formales […]
Esta política del significado es anárquica en el sentido literal de que no está gobernada; pero, no en el sentido popular de desorden […] Los procesos políticos de todas las naciones son más amplios y más profundos que las instituciones formales destinadas a regularlos; algunas de las decisiones más críticas relativas a la dirección de la vida pública no se toman en los parlamentos ni en los comités gubernamentales; se las toma en las esferas no formalizadas de lo que Durkheim llamó “la conciencia colectiva” [loc.cit. pág. 265-266]
Dicha “conciencia colectiva” es lo que yo, de forma más actualizada y para efecto de lo que la tecnología ha propiciado como derivación por intermedio de las redes sociales, he denominado opinioncracia y el ámbito donde antes se desarrollaba eran las pláticas de café, los artículos periodísticos, las revistas del corazón. Hoy, además, ha germinado de manera ¿valiosa? en el territorio de la Internet y las redes sociales donde todo no es lo que parece y nada parece a ciencia cierta ser lo que dice ser.



Las elecciones recientes en Venezuela pusieron de manifiesto que, muy al margen de la certitud y veracidad de los resultados, la legitimidad del presidente Nicolás Maduro está no solo en tela de juicio, sino sostenida con alfileres. Las elecciones por suceder en México el próximo mes de julio también pondrán en tela de juicio la legitimidad de quien gane pues, dadas las condiciones de la competencia y la dispersión que sufrirá el voto ante el descontento popular por diversas circunstancias que aquejan al país, quien triunfe llegará con un abultado porcentaje apenas superior al 40% absoluto que será maquillado por medios y analistas como poco más de un “digno” 60% una vez descontados los otros datos estadísticos relativos al voto nulo y voto blanco. Geertz escribió sobre Indonesia, pero parecería estarse refiriendo a México:
El clásico problema de la legitimidad —el de saber cómo algunos hombres llegan a adquirir el derecho de gobernar a otros— es peculiarmente agudo en un país en el que un largo dominio colonial creó un sistema nacional en su alcance, pero no en su naturaleza. Para que un estado haga algo más que administrar privilegios y defenderse de su propia población, sus actos deben estar en conformidad con los de aquellos que según él pretende son sus ciudadanos y, en un sentido amplificado, deben ser actos de sus ciudadanos. Aquí no se trata de una mera cuestión de consenso. Un hombre no tiene por qué estar de acuerdo con los actos de su gobierno para considerarse identificado con ellos, así como no tiene por qué aprobar sus propios actos para reconocer que fue él mismo quien los realizó. Es una cuestión de experiencia inmediata, de experimentar lo que el estado “hace” como actos que proceden naturalmente de un “nosotros” familiar e inteligible. Siempre es necesaria cierta dosis de malabarismo psicológico por parte del gobierno y de la ciudadanía, en el mejor de los casos.
[…] Es mucho más fácil percibir [el] cambio de mentalidad que documentarlo, no solo porque sus manifestaciones son muy variadas e indirectas, sino porque son vacilantes, inciertas y contradictorias. Una creencia, una práctica, una idea o una institución condenada por atrasada a menudo es celebrada por la misma gente como la esencia misma de la contemporaneidad; y otras ideas o instituciones o creencias atacadas por extranjeras [o innovadoras] suelen ser saludadas como la expresión sagrada del alma nacional.
En esos asuntos no hay un simple paso de lo “tradicional” a lo “moderno”, sino que se trata de un movimiento espasmódico, retorcido, sin método que a menudo tiende a recuperar las repudiadas emociones del pasado [op.cit. pp. 266-268].
Si aplicáramos la Teoría Cuántica a este tema, Schrödinger no me dejaría mentir. Miremos el voto, expresión individual de la voluntad política de un ciudadano, como ese gato encerrado en una urna. Creemos que se trata de un gato porque alguien nos ha dicho que ahí hay un gato. ¿Lo hay? ¿Quién define lo que es verdadero o falso en cuanto a la información circulante? ¿El gato dentro de la caja negra sometido a radiación, que la vive, la sufre, la experimenta o el investigador-espectador que, con su ciega interpretación, ha de concluir con la poca o mucha información a su alcance y en un instante si el gato está muerto o vivo aún? ¿Quién define lo que es verdadero o falso de entre los datos con que nos abruman los políticos en sus discursos? ¿Quién define si una noticia o una decisión de gobierno es una mera ocurrencia bien elaborada o la verdad tras un drama cotidiano? ¿Quién garantiza y asegura que aquello que no me consta en carne propia es verdad del Osito Bimbo?




Las noticias falsas, aun cuando han existido siempre, hoy van cobrando carta de naturalidad; pero, más que por causa del buen o mal uso de las redes sociales y los medios tradicionales de comunicación, más que por perversas y aviesas maquinaciones de presumibles villanos o perversos desadaptados, lo van haciendo por vicio de la ignorancia de que vamos siendo objeto todos por nuestra incapacidad para administrar y asimilar el cúmulo de información circundante. Nuestra impericia para la selección de las fuentes de información es harina de otro costal y más en tiempos cuando dicha impericia resulta irrelevante frente al solo prurito de acceder a lo que satisface de manera placentera y ofrece la sensación de completud.



Los críticos de la información alertan a los usuarios de la misma para que sean cuidadosos al seleccionar sus fuentes o ser críticos en su interpretación de los datos relativos a los hechos y dichos publicados y, en el proceso de advertir, van sembrando igualmente las semillas de lo que, quienes aspiran a gobernar con cierta legitimidad, pretenden afianzar como base conceptual desde la cual partir para sus proyectos individuales o del grupo en el poder que define, por propia conveniencia, lo que es bueno, malo, bello, feo, útil o inútil, para transmitir al pueblo y a las generaciones el modelo de utopía sobre el que construyen su idiosincrasia, aunque esto signifique un grosero atropello a la inteligencia de las personas.

Llegados a este punto —si es que llegaste aquí, amable lector— tal vez critiques mi texto por profuso y extenso. ¡Qué bah! ¿No dije al comienzo que todos somos sujetos de crítica? Pues, ¡venga! Reflexiona sobre lo contenido y ejerce tu derecho a criticar.



Referencias

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ANIMAL POLÍTICO. (8 de enero de 2018). "López Obrador critica a medios por no decir la verdad, pero usa un video falso contra Meade". Animal Político. Ciudad de México, Ciudad de México, México. Recuperado el 26 de mayo de 2018, de https://www.animalpolitico.com/2018/01/lopez-obrador-amlo-video-meade-falso/
CHIPEÑA ESTRADA, I. (21 de mayo de 2018). "Vanguardias de la oratoria en el siglo XXI". Taller Avanzado de Oratoria y Debate Público. (S. d. YouTube), Recopilador) Ciudad de México, Ciudad de México, México. Recuperado el 26 de mayo de 2018, de https://youtu.be/jKc-jJ31P84
GEERTZ, C. (1991). La Interpretación de las Culturas. Barcelona: Gedisa.
LÓPEZ OBRADOR, A. (14 de septiembre de 2016). "Con Calderón y Peña la deuda pública pasó de 1.7 a 9 billones: AMLO". Andrés Manuel López Obrador (Canal YouTube). Recuperado el 26 de mayo de 2018, de https://youtu.be/aQXyloLKkHg
LUNA, D. (18 de mayo de 2018). "Qué tristeza...". Diego Luna (perfil en Twitter). Recuperado el 26 de mayo de 2018, de https://twitter.com/diegoluna_/status/997346318728253440
MONROY, J. (6 de febrero de 2018). "Creo en la crítica; no soy mesiánico ni de pensamiento único: López Obrador". El Economista. Ciudad de México, Ciudad de México, México. Recuperado el 26 de mayo de 2018, de https://www.eleconomista.com.mx/politica/Creo-en-la-critica-no-soy-mesianico-ni-de-pensamiento-unico-Lopez-Obrador----20180206-0081.html
PÁRAMO, A. (5 de mayo de 2018). "López Obrador: No callaré a empresarios". Excelsior / Nacional. Matehuala, San Luis Potosí, México. Recuperado el 26 de mayo de 2018, de http://www.excelsior.com.mx/nacional/lopez-obrador-no-callare-a-empresarios/1237112
RODRÍGUEZ, D. (3 de abril de 2018). "El video de AMLO donde critica a los egresados del ITAM revive en Twitter". El País / Elecciones México 2018. Recuperado el 26 de mayo de 2018, de https://verne.elpais.com/verne/2018/04/03/mexico/1522788333_908960.html
SDP Noticias. (14 de marzo de 2018). "Senadores critican a AMLO por no participar en debates en intercampaña". SDP Noticias. Ciudad de México, Ciudad de México, México. Recuperado el 26 de mayo de 2018, de https://www.sdpnoticias.com/nacional/2018/03/14/senadores-critican-a-amlo-por-no-participar-en-debates-en-intercampana