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Leyendo de cabeza

TE EXTRAÑARÁ QUIZÁS, querido lector, lo que comentaré esta vez aquí, en esta sección “Palabra y Media” donde por lo común trato temas relativos al uso del lenguaje en los medios y sobre el lenguaje de los medios. Pero que no te engañe el aspecto superficial de lo tratado porque a fin de cuentas las estadísticas, rama de las matemáticas, es una expresión lingüística sintética y como tal, cuando se la emplea en los medios de comunicación requiere conocimientos precisos y claridad de pensamiento para no generar en el público masivo equívocos o falacias.

Te extrañará también que por segunda ocasión y como ocurrió con mi texto “A la sombra de una duda”, ponga lo dicho aquí entre “Paréntesis”. Es que el tema en uno y otro se presta.

En el blog colectivo Polemón del escritor mexicano Jaime Avilés se reprodujo el último día de julio de 2015 la encuesta elaborada por el periódico Reforma para medir los niveles de aprobación versus desaprobación de la gente sobre el gobierno del mandatario Enrique Peña Nieto. Por su parte, Consulta Mitofsky, como otras empresas dedicadas a la medición del parecer público, hizo de conocimiento general sus mediciones alrededor del mismo tema para el séptimo trimestre del régimen, pero abarcando además otras vertientes como la aprobación y desaprobación generales sobre gobiernos estatales y legisladores y otros tópicos asociados.

Me vi obligado a comentar a la Redacción de Polemón, de colega a colegas, que no nada más me parecía muy interesante, como de costumbre, su publicación, pero les conminé a tener cuidado con la lectura hecha por ellos de los datos estadísticos. Si bien la Redacción del blog comprendió el trasfondo y el sentido de los resultados de la encuesta, la lectura hecha resultaba errónea y confusa para el lego en estadísticas.

Ejemplo, Polemón anotó en el primer párrafo de su artículo (sic): 
Esto representa una pérdida de 34 puntos porcentuales desde abril de 2013, cuando la desaprobación hacia el pirísta era de 30%.
Encuesta: Reforma
Cuando la gráfica mostraba no una caída sino un ascenso de 30 a 64 puntos porcentuales para la desaprobación y un descenso de 50% a 34% en la aprobación. Es decir, la caída en la aprobación de la gente sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto es en verdad de 24% y no 34% como Polemón informó equivocadamente leyendo al revés los datos. Quizá por la carga psicológica derivada de contrastar las variables de aprobación y desaprobación, queriendo destacar el descenso en la aprobación, el medio enfatizó el aumento en la reprobación, el que sí creció en 34 puntos porcentuales; no cayó sino aumentó. La explicación, tal cual la expuso Polemón, requeriría una gráfica de orientación distinta con cifras negativas.

Lo anterior puede parecer verdad de Perogrullo para algunos, especialmente para los que se dan de muy enterados y chichos en la materia, pero la sutileza interpretativa en las estadísticas es lo que las hace manipulables al gusto del consumidor y, aun cuando matemáticamente implican cierto grado de precisión, esta puede difuminarse por virtud de una presentación poco clara y/o una lectura torpe o amañada.

Ya fuera por interpretación del medio o que Polemón se limitara a transcribir la descripción del diario Reforma, la descripción de los resultados es errónea, confusa, tergiversada y, por ende, voluntaria o involuntariamente sensacionalista y poco objetiva.

Al margen de esta lectura alrevesada por parte de un medio ―cosa más o menos frecuente entre muchos colegas periodistas para los que las matemáticas han sido su coco duro de pelar―, los datos no dejan de ser relevantes porque retratan un momento en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y en general de la clase política de todos los niveles en franca descomposición, por lo menos a ojos de la ciudadanía.

Encuesta: Consulta Mitofsky
La gente, no nada más está harta de la manera como se ejerce la política, de la corrupción que la acompaña y define, de las mentiras y las falsas promesas; está fastidiada del estado de inmovilidad que guardan las cosas en el país y cómo, adicionalmente, los abusos de poder tanto público como privado siguen haciendo estragos ―y no solo en lo económico― a favor de unas minorías.

Pero lo anterior no es exclusivo de México. Dice el refrán: mal de muchos es consuelo de tontos; pero no creo que la población mundial sea tonta. Bastantes problemas aquejan a todos como para que encima los ambiciosos, los mezquinos, los egoístas, los abusivos hagan agosto para tales o cuales aprovechados en medio de la confusión, el descontento y la indiferencia y a costa del resto.

Encuestas como las comentadas se repiten régimen tras régimen, país tras país. Es más o menos común que a mediados de los periodos gubernamentales las cifras estadísticas relacionadas con la popularidad tiendan a la baja; la magia del matrimonio siempre la menoscaba la rutina. Lo preocupante ahora es que esto se está viendo generalizado y la caída de las popularidades se ha visto más pronunciada e incluso acelerada allá como acá. La realidad, tarde o temprano, termina imponiéndose sobre las ilusiones y los deseos.

Los mexicanos estamos abrumados por los aspectos negativos y dolorosos de la realidad que nos aqueja, sentimos que nada avanza, el dinero circulante se suelta a cuentagotas en espera de los efectos mayúsculos, macroeconómicos de las reformas impulsadas por el gobierno actual. Estamos avisados que los resultados comenzarán a experimentarse paulatinamente a partir del 2016 y de manera más notable entre 2017 y 2018 para algunos rubros, mientras tanto, el bolsillo del mexicano de a pie ya luce agujerado, pero no por desgaste usual de meter la mano y extraer monedas, sino por meter la mano y aun rascando no hallar ni un quinto.

En la medida que quienes nos dedicamos a leer la información para allegarla al público y quienes gobiernan sigamos empecinados a ver un mundo del revés, continuaremos abonando al desencanto, al desequilibrio y generando inconformidad e incluso alimentando el encono, y ya se sabe que este no necesita sino el más mínimo pretexto para encajarse en el ánimo.