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Por primera vez en la historia, traduce Naucalpan el Bando Municipal al Otomí

POR PRIMERA VEZ en la historia del municipio de Naucalpan, el gobierno traduce el Bando Municipal a la lengua otomí.

La alcaldía de Edgar Olvera persigue así ampliar el conocimiento de las normas legales que rigen al municipio a aquellas zonas y habitantes en los que hay presencia de miembros de la etnia otomí.

Cierto es que este ejercicio no es la primera vez que ocurre. Ya en el sexenio de Vicente Fox se hizo un doble esfuerzo por traducir no solo los libros de texto gratuitos, para incidir en la educación primaria y secundaria, llevando el conocimiento a varias lenguas indígenas del país, sino que en unos pocos municipios del sur se intentó una cosa similar con otro tipo de documentos, pasando por la obligación y el derecho ciudadano de ser asistido y juzgado en la propia lengua en cuestiones de impartición de justicia y administración del derecho.

Democratizar no es una tarea que suponga nada más y de forma exclusiva el tema electoral, es decir la decisión ciudadana de quién ha de gobernar y administrar los bienes de la comunidad. Hacer democracia supone ser incluyente y sobre todo dar espacio y voz a las minorías, todo lo contrario de lo que muchos suponen malinterpretando los principios fundamentales de la democracia, en la idea de que las mayorías mandan así como así, a despecho de las minorías. 



La democracia nació justo para permitir a las minorías no imponerse sobre el resto en un ejercicio autocrático y dictatorial, pero tampoco para abrir la puerta a la tentación contraria de aplastar a quien disiente con el peso abrumador de la colectividad, la que bien puede estar equivocada en sus apreciaciones sobre lo que se considera justo y del bien común.

Este paso dado por la administración de Olvera es, sin duda, loable. Solo cabe preguntar si no lo ha movido, como suele ocurrir, un impulso populista. Quiero pensar que no es así y que, en los tiempos que corren, la integración de los pueblos ya mal llamados indígenas dentro de una nación de herencia más que mestiza pasa por la palabra y los medios, todavía mejor que por la palabra empeñada en promesas vacuas.

Quisiera que estas líneas pudieran ser traducidas igualmente. Pero estoy en desventaja, siendo hispanohablante, el español, que no el otomí, me resulta un obstáculo cultural y tecnológico. No obstante, estoy seguro que por ahí surgirá algún bilingüe que dará otra dimensión étnica a lo que ahora he escrito. Lo deseo de todo corazón.