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¿Me lanzo?

El autor del blog (frente izq.) atendiendo las conclusiones
de las mesas de trabajo entre autoridades estatales
y municipales para establecer propuestas contra la inseguridad.
Al micrófono la presidenta interina de Naucalpan de Juárez
Claudia Oyoque. (Foto: Mario Ruiz)
DE VERDAD EMPIEZO A PREGUNTARME en serio... No lo había aquilatado suficientemente, siendo un poco refractario a la idea de "ostentar alguna forma de poder"... No me llama el poder por el poder en sí, pero pensando bien muchas cosas... Si anuncio desde ahora que quiero o me animaría a ser candidato independiente a la Presidencia de la República​ o al Gobierno del Estado de México​... ¿quién respaldaría moral, política, social, económicamente a este humilde plumífero aspirante a ser un reflejo de Václav Havel​, toda proporción guardada?


Digamos que en la imaginación primaria pongo como piedra miliar de una probable plataforma política la duda sistemática. ¿Me verían tamaños para encabezar a mi gente o debería conformarme con mi reducto entre las letras? Quiero ser más útil a mi país, a mi localidad y a mi gente, sin dejar de ser un ciudadano más; pero no quiero perderme en el Laberinto Bestial de la vanidad o en los falsos pasillos donde el olvido y la mezquindad gobiernan.

Como diría Winnie Poo: Pensar... Pensar... Pensar... ¡Ya pensé! ¿Estoy "comiendo ansias" como alerta Manlio Fabio Beltrones Rivera​ en entrevista con Adela Micha​? ¿Cuánto tiempo debe destinar un ciudadano común interesado en ser candidato independiente? Quiero, como muchos, transformar para bien y en lo posible las condiciones de un territorio, una población y un gobierno como los mexicanos, pero ¿cuánto debe invertir un ciudadano simple para enfilarse hacia una candidatura independiente, novedad hoy en nuestra democracia en desarrollo, cuando no tiene el soporte de un aparato institucional detrás o una "carrera política"; cuando debe construir simpatías, adhesiones, filiaciones? Me queda claro que la ley actual implica más obstáculos que oportunidades para el ejercicio del derecho básico de cada cual a ser votado. ¿Para el candidato independiente debería bastarle decir "yo quiero"?

Yo conozco parte de mi país, no todo y muy poco del mundo. En tanto individuo con limitaciones digo con verdad que no soy perfecto, como tú o quien sea, tengo mis flaquezas, mis deficiencias, mis "perversiones"... Sin embargo comparto temas que nos unen, preocupan y ocupan. Me he preocupado más por conocer al ser humano, a la persona. ¿Cuánto tiempo es necesario para recorrer cada rincón? ¿Cuánto tiempo se requiere para comprender una sonrisa o un gesto de enojo o una mueca de dolor y lo que de alguna manera puede ser su causa?

Llegué a hacer "activismo" por necesidad, un poco para huir de mi duelo, un poco para reinsertarme en el mundo con ojos, afectos y palabras nuevas. Hoy, siendo testigo y en cierto modo actor de diversos acontecimientos con incidencia directa en mi comunidad, me he dado cuenta que algo de lo que hago y digo tiene cierto peso, que no soy nadie ni ninguno; que soy uno entre varios con semejantes miras.

Si quiero ser candidato independiente y resulta que una institución política establecida me toma la palabra, ¿eso solo sería una razón para poner en entredicho mi independencia política? Entonces, ¿a qué abrazarme? ¿Qué grupo, qué organización no me investiría con sus estigmas, intereses, prestigios o desprestigios? ¿Bastan mi cara, mi mente y sus ideas, mi corazón, mi sensibilidad? ¿Seguir andando como hasta ahora solo?

¿Qué puede aportar un comunicólogo, un poeta al concepto del México actual? Por lo pronto, la certeza y la claridad de que el fenómeno comunicativo, siendo centro de todo lo que el hombre hace, no puede ni debe traducirse simplemente en votos entendidos como puntos a favor o en contra. El voto, como ya he dicho en mis espacios, así en texto como en video, es la expresión de la voluntad política no nada más del sentido del acto de elegir sino, en tanto equivalente simbólico de la palabra, encierra o debería encerrar la comprensión de lo honorable. El voto y la palabra honran y deberían ser honrados.

En días pasados y dadas mis actividades, algunos conocidos, entre broma y en serio, fueron sembrando en mi cabeza la idea de insertarme de manera más decidida en la actividad política. ¿Tendré las entrañas para digerir la mierda que luego se sirve en tal ámbito?

Decidir tal cosa no es tarea sencilla. Tengo en mente las palabras de Jacobo Zabludovsky: "Ay de aquel periodista que se vuelve centro de la noticia". Y empiezo a preguntarme, ¿por qué no emplear mis conocimientos, habilidades, experiencias pocas o muchas en el campo de mi profesión para afianzarme en el papel de agente de cambio en una cota superior? Y de esta pregunta van ya perfilándose varias meditaciones que iré compartiendo aquí.