Si la inteligencia se diera en maceta...

octubre 16, 2015 Santoñito Anacoreta 0 Comments

Foto: Norma García / Reforma
ERA DE LA OPINIÓN... de que la ropa sucia se lava en casa, pero como en un anuncio de detergente, de pronto el Estado de México expone la prenda percudida como muestra digna de galardón.

La noche del 14 de octubre de 2015 dije a la presidenta Claudia Oyoque Ortiz, luego de entrevistarla con motivo de la clausura de las mesas de trabajo derivadas del Foro contra la Inseguridad convocado por ciudadanos naucalpenses, ​que personalmente (pues siempre otorgo el beneficio de la duda) reconozco sus logros de su breve interinato.

Al día siguiente, la nota de la colega Norma García del diario Reforma acerca del reconocimiento dado por el Gobierno del Estado de México​ al "buen gobierno" de Naucalpan de Juárez durante 2014 (último del hoy preso exalcalde David Sánchez Guevara) no puede sino recordarme mis primeras reservas sobre el tema.

Si bien la alcaldesa ha procurado desafanarse del exedil y ha conformado una imagen propia como gobernante, recibir dicho reconocimiento y asumirlo como propio sólo puede tener cabida en la comprensión de que un gobierno lo hace un conjunto de personas y no solamente la cabeza; y que aun cuando hay elementos corruptos, abusivos, oportunistas dentro de la burocracia en turno, no todos los funcionarios mayores o menores, trabajadores administrativos y operadores, regidores y síndicos son reprobables.

El reconocimiento va aparentemente en consonancia con lo dicho por Fabián Gómez Calcáneo a un servidor en entrevista días atrás. No obstante, es entregado en el momento más inoportuno en lo político, porque apunta no a los logros del interinato sino a los logros conseguidos en medio de la putrefacción de un gobierno secuela de otros que hicieron, de la "joya de la corona", la diadema de pacotilla.

Decía don Jesús Reyes Heroles atinadamente que en política la forma es fondo, y este reconocimiento no puede ser leído sino como un aval estúpido del gobierno de Eruviel Ávila tanto a lo positivo como a lo negativo en la huella dejada por David Sánchez Guevara.

Sí, no niego que tuvo aciertos. Todos los tenemos en la vida. Y concedo también que los yerros no deberían ser determinantes en la balanza de Anubis. Pero el pergamino no abona a la imagen del municipio, aun cuando la intención sea buena y en parte justa. La falta de sensibilidad política en este caso ha rayado en la ingenuidad o de plano en la burla hacia unos gobernados que, apenas entregado el diploma, sintieron en el alma la puñalada trapera de un gobierno estatal que premia o por lo menos mira de soslayo los desfalcos, el tráfico de influencias, la impunidad, contradiciendo el fundamento de los discursos, llevando y trayendo en la solapa lo mismo el pin de OHL que la presumible indignación por las atrocidades de Tlatlaya y el dolor de los feminicidios. Nada hubiera pasado si el trámite pasa de largo por un tiempo. O qué, ¿es tanta la vanidad gubernamental que han de mostrarse las medallitas aunque estén descascaradas y patinadas de orín?

Y pensar que, apenas en esa fecha ya narrada, los mismos funcionarios de Inteligencia del Estado de México se me acercaron de forma amable interesados en conocerme (ni que fuera yo estrella de cine) y charlar conmigo sobre temas diversos, en especial el de la preocupación gubernamental por la percepción ciudadana. Si bien actos como el expuesto aquí no son atribución de las áreas de inteligencia, en tanto rasgo protocolario y comunicativo no dejan de mostrar una ridícula inteligencia política a contrapelo de lo previsto por el Secretario de Gobierno de la entidad, Jorge Manzur Quiroga, pues queriendo honrar el desempeño interno descuida la proyección hacia la sociedad y el peso que algo así puede tener en la percepción de dicho "bueno gobierno".

Cada vez más nuestros políticos viven más en el boato y la pompa, adornando sus discursos con cifras rimbombantes, inaugurando obras de relumbrón (empero quizá necesarias), interesados en salir en la foto junto a personalidades de la cultura y la política internacional, y han perdido el toque de lo que verdaderamente importa al entendimiento de la ciudadanía, a no ser bajo los múltiples disfraces del populismo. Ahí están los retratados del ayuntamiento de Naucalpan de Juárez sonriendo muy orondos con su "papelito" que sin duda "habla". ¡Y las cosas que dice!

Que los números pueden ser ciertos y encerrar verdades puedo discutirlo: disminución del crímen, mejora de condiciones macroeconómicas, y un largo etcétera, pero eso no es lo que mide el ciudadano común cuando mete la mano en su bolsillo y cuenta las monedas para comprar el pan o pagar los servicios así los públicos como los privados. Cuando el ciudadano contrasta la ilusión que nutre su esperanza con la realidad grosera y parcelaria de que se ufanan los tomadores de decisiones, los otorgadores de permisos, los que licitan y concesionan las ocasiones para el latrocinio legitimado por un orden legislativo plagado de huecos, retruecanos y galimatías que solo entienden y saben aprovechar los enterados.

De un tiempo a esta parte, en distintos niveles, para variadas causas, lo que está fallando es la comunicación política. Está anquilosada en formas de expresión del siglo pasado y a veces decimonónicas, en parte por las trampas del poder, en parte por la inercia sindical que deriva en la desidia y la negligencia administrativas. No ha evolucionado en lo esencial aunque sustancialmente parezca que sí y se cuelgue y abrace las novedades tecnológicas, apele a una supuesta simplificación y dé atole con el dedo en cuanto a transparencia.

El paradigma de la comunicación política mexicana tiene entrampado incluso al presidente de la República al punto de tener que retirar un spot publicitario que, aun cuando certero en su mensaje, descuidó los múltiples factores comunicacionales que intervienen en su elaboración y más, en las posibilidades interpretativas. Porque jamás debe olvidarse que todo mensaje implica tanto su visión paradigmática como la paradoja que en apariencia la contradice pero en realidad la complementa. Ni el político es un producto, ni las decisiones de gobierno son marcas y aun cuando tengan un "precio" este no está sujeto a ninguna burda moneda de intercambio fuera del valor del voto en tanto expresión de la voluntad ciudadana. Honrar el voto debería ser la manera más acabada de aquella vieja usanza de honrar la palabra; porque en ello estriba generar confianza.

En comunicación, aprendí de mis maestros y he enseñado a mis estudiantes, que los mensajes han de elaborarse a prueba de tontos. No porque los receptores, perceptores, lectores del mensaje sean tontos, sino porque, como en computación, uno nunca puede aseverar si el botón a pulsar por el usuario, por el consumidor, será el que esperamos toque para ocasionar los efectos planeados. Pero ocurre que en nuestros días, aún más que en los de mi padre, a pesar de existir las especialidades y sobre todo en política cada vez más abundan los "advenedizos" que, por lo menos en temas de comunicación, creen que basta hablar y saber escribir el propio nombre para construir un discurso.

Podemos criticar al presidente Enrique Peña Nieto por sus lapsus culturales o de dicción, pero resulta imperdonable que los "expertos" descuiden ciertos detalles. Pero no es culpa totalmente de ellos, es consecuencia también del exacerbado clientelismo que, si se ha instalado ya en la política, tiene más tiempo sentando las bases de nuestra educación, con o sin reformas de por medio.

Y para muestras, aquí dos botones: el reconocimiento otorgado y el spot presidencial. Dime tú, amigo lector, si no son para aplaudir.




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